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Tribuna:INTEGRACIÓN ECONÓMICA

Negociación comercial entre la UE y Mercosur

Con el antecedente del Acuerdo Marco Interregional entre el Mercosur y la Unión Europea (AMI, suscrito en diciembre de 1995), inédito en su género entre dos agrupamientos regionales por la profundidad y lo ambicioso de sus objetivos, comenzó en noviembre de 1999 la negociación de un Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea. Se constituyó un Comité de Negociaciones Birregionales que, desde entonces y hasta mediados del año 2004, realizó unas 15 reuniones, sin contar otras de formato diverso, tanto a nivel del comité como de sus subgrupos de trabajo.

El AMI preveía tres capítulos fundamentales, en torno a los cuales articular y desarrollar la futura asociación interregional: uno político; otro en materia de cooperación y un tercero de contenido comercial. En los dos primeros capítulos la negociación entre ambos bloques avanzó positiva y decididamente hasta prácticamente acordar textos definitivos. Pero, lamentablemente, éstos quedaron en suspenso ante las divergencias subsistentes en el capítulo comercial del acuerdo.

El Acuerdo de Asociación parece otro objetivo de futuro al que no le llega el presente

Por diversos factores tanto intrínsecos como extrínsecos a un proceso de negociaciones de por sí complejo y cuya resolución no es sencilla ni inmediata, el tercer componente comenzó a desacelerarse hasta quedar detenido y bloquear a la globalidad de las negociaciones. Sucesivos esfuerzos por reactivar el proceso no han prosperado y el Acuerdo de Asociación parece encaminado a convertirse en otro de los ya demasiados objetivos de futuro a los que nunca les llega el presente.

A nada conduce resignarse a esta situación. De nada sirve disimularla con cada vez más esporádicas y menos convincentes declaraciones de buenas intenciones. Y los "caminos propios" no pasan de ser atajos sin destino cierto.

Asimismo, sería un error tirar por la borda el importante capital acumulado en esas áreas, que perfectamente podría ser ya objeto de aplicación para beneficio mutuo, más allá de los avatares a que continúan sometidas las negociaciones pendientes en al área comercial. Asumiendo las limitaciones y las dificultades de cada contraparte y el contexto mundial en el que unas y otras se inscriben, es necesario reactivar las negociaciones para un acuerdo cuyo contenido abarque el diálogo político, las relaciones comerciales y la cooperación birregional.

Ambos espacios geográficos y humanos están unidos por un océano y varios siglos de valores culturales y políticos compartidos a partir de una identidad común. Valores y principios entre los que destacan la democracia y el Estado de derecho como ejes centrales de los sistemas políticos a ambos lados del Atlántico y -en particular en las últimas dos décadas, una vez consolidados los procesos de restablecimiento de las democracias en el continente americano-, la defensa y promoción de los derechos humanos como pilar de organización y funcionamiento de la sociedad.

En lo que a diálogo político se refiere, la Unión Europea y el Mercosur comparten una visión multilateralista de las relaciones internacionales, a partir de la cual ambos bloques apoyan el fortalecimiento de las Naciones Unidas como garante de la paz y la seguridad internacionales y como opción válida frente a la variable unilateral o unipolar.

Asimismo, ha de tenerse en cuenta que otro de los principios que inspiraron el objetivo de la asociación fue la apuesta común a un modelo de regionalismo abierto que complemente el camino multilateral.

Desde el punto de vista comercial, la firma del citado Acuerdo de Asociación significaría un gran avance para el Mercosur, ya que la Unión Europea ha sido, desde la creación de nuestro bloque en 1991, su principal socio comercial y fuente de inversión extranjera directa.

Teniendo en cuenta ambos datos es lógico pensar que el establecimiento de una Zona de Libre Comercio entre ambas regiones sería un paso más que positivo para ellas en términos de acceso a mercados y ganancias comerciales e implicaría para el Mercosur un perfeccionamiento en ciertas áreas (normas técnicas y medidas sanitarias y fitosanitarias, etcétera) en las que el bloque aún no ha alcanzado los objetivos trazados en su tratado fundacional.

En materia de cooperación, cabe señalar que tras la creación del Mercosur, la Unión Europea se convirtió rápidamente en el mayor cooperante del mismo, habiendo cofinanciado proyectos de fuerte impacto tanto en la consolidación del mercado interno regional como en el fortalecimiento de las instituciones u órganos de nuestro bloque, desde la inicial Secretaría Técnica hasta el novel Parlamento del Mercosur, sin olvidar el Tribunal Permanente de Revisión y otros órganos decisorios.

El Acuerdo de Asociación permitiría expandir una cooperación, que ya se ha demostrado exitosa y fructífera, la que podría alcanzar un sinnúmero de áreas de interés para nuestros países, en las que la experiencia y el know-how europeo pueden resultar claves para el fortalecimiento de la capacidad institucional en sectores prioritarios para nuestros países, además de constituir un catalizador de las potencialidades existentes en diversos campos a este lado del océano; ejemplos de ello son la cooperación en materia aduanera, ciencia y tecnología, migraciones, cultural, etcétera.

Tal es la postura que respecto a este tema el Uruguay ha expresado en distintos foros e instancias. A ella y a las definiciones del bloque responderá la gestión en la Presidencia Pro Témpore del Mercosur que asumimos hace pocos días y ejerceremos hasta diciembre próximo.

Y es la que personalmente plantearé a mi par de la Unión Europea y a otros jefes de Estado y de Gobierno durante la misión que realizaré en breve a algunos países de ese continente.

Tabaré Vázquez es presidente de la República Oriental del Uruguay.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de agosto de 2007