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Reportaje:GENTE

Prohibidas las chanclas en la Casa Blanca

Bush tampoco permite en verano vaqueros, deportivas, pantalón corto y camisetas

Flip flops. Ya, el término no le dice nada. Pero es probable que de aquí a que acabe el verano vaya a hacer uso de él, incluso que lo esté haciendo ahora mismo. Flip flops. O el onomatopéyico nombre dado en Estados Unidos para las chanclas de toda la vida. Aquellas que por los años setenta en España empezaron siendo azul añil, de plástico, que sólo se utilizaban en la piscina y que hoy se han extendido a todos los precios, colores, materiales y que ha llevado a su máximo esplendor la marca Hawaianas.

"NO FLIP FLOPS". El cartel está en letras mayúsculas, resaltado en negrita, colgado de la entrada de la mismísima Casa Blanca. La Administración de Bush parece haberse cansado del desenfreno en las costumbres y la vestimenta que, en opinión de uno de los ujieres, comenzó en la etapa Clinton. "Entonces todo se relajó", opina un ayudante que ya estaba en la residencia oficial en la época de Reagan. "Ahora intentamos que todo vuelva a la normalidad". Aunque, si uno acude a las hemerotecas, no hay constancia de Clinton montando en bicicleta con zuecos y calcetines, como hizo el actual presidente hace unas semanas.

La normalidad es, desde ya: no vaqueros, no zapatillas de deportes, no pantalones cortos, no minifaldas, no camisetas (ni de tirantes ni con mangas), no tops, no flip flops. La prohibición será efectiva "al margen de las condiciones climatológicas", ya haya 40 grados o la humedad supere el 90%. Aunque para ser honestos, habría que decir que la pasión de los estadounidenses por el aire acondicionado no anima a llevar chanclas y pantaloncitos.

La normativa de las buenas costumbres ha sido comunicada a los empleados de la Casa Blanca a través de un correo electrónico, aunque también afecta a los visitantes, por lo que se ha colocado un anuncio frente al podio de la sala de prensa que lee: "Por favor, no situarse detrás del podio o en los peldaños. Las fotos deben ser tomadas sólo a nivel del suelo".

No había tantas restricciones en la antigua sala de prensa de la Casa Blanca, que desde hace un año está en obras. En la nueva, alejada de la Casa Blanca, cruzando la calle, y a la que los periodistas sueñan con volver pero temen que la renovación haya sido una excusa para alejar a la prensa de los dominios de Bush. Allí no se puede tomar café. Tony Snow, portavoz del presidente, deja su taza a la entrada cada día cuando se dirige a enfrentarse a los reporteros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de julio de 2007