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Tenis

Nadal logra en Stuttgart su sexto título del año al ganar a Wawrinka

Jordi Quixano

Sobre la arcilla roja no tiene rival. Y si aparece uno, lo desgasta hasta derretirlo. Rafael Nadal, en un ejercicio tan voluntarioso como dictatorial por el sometimiento mental que aplicó a su adversario, Stanislas Wawrinka, se impuso en la final de Stuttgart (6-4 y 7-5) y se adjudicó el sexto título del curso -Indian Wells, Monte Carlo, Godó, Roma y Roland Garros-, el vigésimo tercero de su carrera. A pesar de las molestias que sufre desde hace días en el tendón rotuliano de la pierna derecha y del drive agresivo más el revés profundo del suizo, todo acabó como casi siempre: victoria para Nadal.

En la víspera al partido, Roger Federer le envió un SMS a su amigo Wawrinka, compañero en las eliminatorias de la Davis cuando el número uno se anima a jugarlas. Federer jaleó a su compatriota para que derrotara a Nadal, su bestia negra sobre la arcilla y su exclusivo competidor sobre moquetas y cementos. "Desgraciadamente, no me dio la receta para batir a Rafa", concedió divertido Wawrinka. Pero casi la encuentra.

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A base de latigazos perfectamente ejecutados, señalando la pelota con la mano izquierda y acabando el golpe por encima de los hombros, el suizo explotó el drive de forma majestuosa. Ángulos abiertos, golpes a contrapié, juego cargado al revés de Nadal y punto tras punto. Wawrinka, enorme, se puso en el primer set 3-1. Pero se fundió. Entre otras cosas, porque Nadal respondió de la forma menos esperada: sacó de fábula. Sólo consiguió un ace, pero ajustó la bola a las líneas y concretó un 70% de acierto en el primer servicio. La jugada pesó en Wawrinka, que se atragantó con su servicio -34% de acierto en el primero- y empezó a cometer fallos inexplicables.

92 victorias en 93 partidos

Nadal entrecerró los ojos con mirada felina al tiempo que Wawrinka los abrió despavorido. 6-4 para Nadal, que resolvió la manga por su presencia y su historial en tierra, donde ha ganado 92 de los últimos 93 encuentros y 15 de las 16 finales disputadas.

En la segunda manga ocurrió más de lo mismo. Wawrinka, sólido y con un revés dañino, acorraló a Nadal con un 5-2. El zurdo manacorense salvó su saque y restó sobre la línea de fondo. Enchufado él y ninguneado el suizo, que alternó cañas con errores infantiles, Nadal obtuvo los tres juegos siguientes para coronarse de nuevo en Stuttgart, como en 2005. Entonces, también le regalaron un Mercedes descapotable, pero su tío y entrenador, Toni, y su padre, Sebastián, le negaron el privilegio porque consideraban que era muy joven. "No quería ver en Rafael los comportamientos excéntricos que podían tener otras estrellas", defiende Toni. El que se llevó ayer, un C-350, sin embargo, lo podrá conducir cuando quiera. "Hice bien en no abandonar en octavos. Superado el dolor inicial, he podido jugar sin que me molestara demasiado", convino Nadal, que ya piensa en la temporada sobre pista dura, en los Masters Series de Montreal y Cincinnati, previos al Abierto de Estados Unidos.

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