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Reportaje:

El origen de un duelo interminable

De la magia de Zizinho a la contundencia de 'Los Carasucias'

El primer clásico mundial se dirimió en el ámbito local. Hace casi un siglo, Argentina y Uruguay, las dos orillas del Río de la Plata, se disputaban la Copa América convencidas de que lo que estaba en juego era la supremacía planetaria. En 1916, Brasil era un aspirante. El 10 de julio enfrentó a Argentina por primera vez, en el estadio de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. Ni Marcovecchio, la figura argentina, ni Friedenreich, la brasileña, soñaron con la rivalidad que se avecinaba. Ayer, en Maracaibo, se cerró el último capítulo de un duelo interminable. Una epopeya cada vez más antigua que convoca a los jugadores bajo el peso de los recuerdos, la fantasía y la historia.

Cuando Argentina y Brasil se enfrentaron en la Copa de 1925, el único jugador negro que saltó al campo llevaba una camiseta celeste y blanca. Se llamaba De los Santos y era el interior derecha de Huracán. En Brasil, los futbolistas de color estaban segregados. El estilo de la selección tampoco era en 1925 el que le dio prestigio. La bicicleta no fue un invento carioca, ni paulista. El primero en hacerla famosa fue Pedro Bleo Journal, Calomino, el extremo derecha de la selección argentina que disputó el torneo en 1920.

El primer gran media punta brasileño fue negro. Le decían Zizinho. Su dorsal era el 8 y fue el predecesor de Didí. Entre 1942 y 1949, Zizinho cultivó una rivalidad que iría en aumento. El jugador del Flamengo conduciría a Brasil contra una de las mejores generaciones del fútbol argentino. Argentina conquistó el título en 1945, 1946 y 1947. Sólo en Buenos Aires había futbolistas para completar dos plantillas. Pedernera, Moreno, Masantonio, Martino, Tucho Méndez, Boyé, De la Mata, Pontoni, Di Stéfano y Loustau se disputaron los cinco puestos del ataque. Brasil debió esperar a 1949 para ganar el trofeo. Desde entonces, Tucho y Zizinho, con 17 goles, ostentan el récord anotador de la Copa.

En Chile, en 1957, Zizinho y Didí se midieron a una de las mejores delanteras de todos los tiempos: Corbatta, Maschio, Angelillo, Sívori, Cruz y Sanfilippo. Les llamaban Los Carasucias. Le ganaron a Brasil 3-0 y el equipo se disolvió. Declinaba la primera época dorada del fútbol argentino. Surgían Didí, Garrincha, Nilton Santos, Valentim y Zagallo, la delantera del Botafogo. En la Copa de 1959 se les unió Pelé. Cuando Juan José Pizzuti metió el cabezazo que le dio el título a los argentinos, no pudo ser más franco: "No lo podíamos creer".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de julio de 2007