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Reportaje:POESÍA

Poesía reciente de varia condición

Se publican cinco poemarios que no pasan inadvertidos: de los consolidados Eduardo García y Miguel Galanes, y de Carlos Pardo, Juan Carlos Abril y Rafael Fombellida, aún en camino.

Miguel Galanes (Daimiel, 1951) cuenta con una larga trayectoria. Iniciada en 1979, ha recorrido un sendero hecho de empeño indagador en el lenguaje como prolongación de los sentidos (lo que a principios de los ochenta, con Fernando Beltrán, definió como sensismo). La vida por dentro agrega a esa búsqueda un trasfondo, un hilo conductor que habla de los límites del ser humano. De la conciencia. De su realidad física. Del amor. De la precariedad del presente. Pasada la frontera del medio siglo, el poeta recapitula, se aferra a un mundo interior cimentado en la memoria -"¿en este espacio encontraré mi infancia?"- y en la naturaleza vivida y recordada, y se entrega a una labor de búsqueda de lo inexpresable y misterioso consciente de la certeza última: la muerte. Galanes, que en este libro refuerza, respecto a los anteriores, el componente intimista, es poeta de palabra densa, de un barroquismo a veces controlado, a veces excesivo, en todo caso al margen de los realismos dominantes.

Eduardo García (São Paulo, 1965) es poeta experimentado, riguroso, exigente. En Refutación de la elegía, un pequeño poemario, a medio camino entre el libro y la plaquette, el autor mantiene su preocupación metafísica, el despunte órfico, irracional de Horizonte o frontera, su libro precedente, sin desatender los lazos que unen su poesía con la realidad. La síntesis de este libro podría definirse en una frase: la elegía, refutada, pierde espacio a favor de la celebración ("la página pedía un desaliento / a la altura del llanto y los zapatos, / pero no estaba yo para difuntos, / me brotó una sonora carcajada". Eduardo García se mueve en un universo de dualidades -gozo/ dolor, ternura/crueldad, luz/ sombra- en el que se impone la visión celebratoria. Esa apuesta asoma, mostrando su dialéctica interna, en uno de los poemas más significativos del libro: Ritual. En él, el sujeto poético se enfrenta, en el espejo, con el hombre-lobo. La observación y la reflexión derivan en el triunfo de lo humano sobre lo animal. Eso sí, sin que se obvie la huella de lo irracional y salvaje: "Estrenó por las calles su humana condición / con destellos de bosque en la mirada".

Una poesía seca y viva, irónica y tierna, no exenta de cauces reflexivos es la de Carlos Pardo (Madrid, 1975). Los espacios mínimos, la cercanía, la cotidianidad que, a veces, se construye con lo imprevisto, la ternura, unas veces quebrada por el diminutivo inesperado, otras por la adjetivación valiente, arriesgada, los recuerdos abordados desde la perspectiva menos convencional ("el ámbar de una grúa"), son características que definen su Echado a perder, IX Premio Generación del 27. El juego de Pardo es romper el lenguaje, llevarlo al límite, bien mediante la greguería acortada ("bulbos, / cúpulas del mercado"), bien mediante la metáfora certera o la radical ironía. Todo sin abandonar un tono conversacional, puesto al servicio de unos poemas que juegan en el límite de lo real. La realidad se hace intensa ayudada por lo imaginario y se hace mundo: el mundo, lleno de suturas, de rendijas a lo incomprensible, de Carlos Pardo.

Juan Carlos Abril (Los Villares, Jaén, 1974), en Crisis, se mueve en la órbita del haiku. El título remite a la fragilidad del mundo que nos rodea (es, en Abril, la proyección de la fragilidad propia de la condición humana). Desafiar su carácter fugaz, aprehenderlo en chispazos suscitados por la dialéctica sujeto poético-naturaleza ("En la persecución seremos vegetales"), por "emociones breves" que son, en el fondo, destilaciones de una mirada existencialista de quien se sabe débil, impotente frente a la lógica de la realidad, frente a la hostilidad del mundo. Un lenguaje afilado, de un lirismo intenso, da cuerpo a una visión pesimista de la vida. En el fondo, la crisis está en todo. Es la permanente confrontación, en la matriz de cada anécdota, entre la vida y la muerte: "en el imperio / del humo hay una esfera herida".

Canción oscura es el cuarto

libro de Rafael Fombellida (Torrelavega, 1959). Premio Gerardo Diego 2006, es un libro denso, con el que pretende indagar en las zonas de sombra ("Negra es la noche, / cerrado el bosque, el mundo") que se apuntan en lo cotidiano, que asoman en la recuperación verbal de la memoria. Sombra que alienta en la naturaleza, como esos espacios invisibles que quedan, en la pintura figurativa, entre los árboles o más allá de las ramas que vemos en primer plano. Libro de una rara circularidad, que parte de la contemplación de la naturaleza (vinculada al hombre y hecha de recuerdos), que tantea el vértigo de la muerte ("Has llenado de frío el cuarto entero") y que amanece al depositar en el poema la capacidad de trascendencia que sólo el lenguaje ofrece. Libro trabajado, con versos de una enorme plasticidad, con una dicción musical, quizá mermada por la adjetivación excesiva: "Es el tiempo maduro, el de los mostos ávidos, / el de la rotación más retardada".

Echado a perder. Carlos Pardo. Visor. Madrid, 2007. 60 páginas. 8 euros. Canción oscura. Rafael Fombellida. Pre-Textos. Valencia, 2007. 71 páginas. 10 euros. Refutación de la elegía. Eduardo García. Antigua Imprenta del Sur. Málaga, 2006. 35 páginas. 10 euros. Crisis. Juan Carlos Abril. Pre-Textos. Valencia, 2006. 75 páginas. 9,50 euros. La vida por dentro. Miguel Galanes. Huerga & Fierro. Madrid, 2007. 120 páginas. 13 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de julio de 2007