Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Operación salvamento del Albéniz con ayuda de Aleixandre

Dos plataformas se unen para luchar por el patrimonio histórico

Rafael Álvarez, El Brujo, recuerda con mucho cariño al teatro Albéniz. Hace unos años, una hora antes de una de sus presentaciones en ese recinto, llamaron los Reyes para avisar que asistirían. Los perros husmeando en los camerinos y el despliegue policial contribuyeron a aumentar los nervios previos a la función. Al final el Rey le confesó a El Brujo que su hijo Felipe era actor, "lo que pasa es que actúa muy mal", le dijo. Durante sus más de 50 años de vida, el teatro Albéniz ha albergado a cientos de actores y artistas. Ahora corre el riesgo de cerrar sus puertas. Ayer, la Plataforma de Ayuda al Teatro Albéniz y la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre se unieron en una protesta para pedir que se proteja este teatro y el patrimonio histórico-cultural madrileño.

Durante el acto, Beltrán Gambier, abogado de la plataforma, aseguró que presentará este mes un recurso de alzada contra la sentencia del pasado 27 de junio que le niega al Albéniz la calidad de bien de interés cultural.

El teatro pertenece actualmente al grupo inmobiliario Monteverde, que lo renta a la Comunidad. En 2003, la empresa consiguió que un tribunal levantara las restricciones de uso del inmueble. Está ahora en manos de la empresa decidir su destino. "Todavía no tenemos planes", cuenta Guillermo Cabanas, de Monteverde. "Pero sí queremos que allí haya un teatro".

Además de la plataforma, hay otra organización trabajando por salvar el recinto: la Asociación de Profesionales en Defensa del Teatro Albéniz. Y aunque ambas tienen el mismo fin, tienen visiones diferentes. La plataforma pretende que se conserve el teatro en su estado actual y la asociación busca un nuevo recinto mejor equipado. "Hay que reconocer que el teatro tiene deficiencias tecnológicas", dice Jorge Bosso, de la asociación.

Eva Albedro, de la plataforma, defiende drásticamente la conservación: "El teatro es como un violín Stradivarius, que no tiene los avances modernos, pero tiene un alma formada a base de lo que se ha tocado con él".

La plataforma confirmó además que se reunió ayer con Tomás Soler, presidente de Unesco Madrid, y que él se comprometió a estudiar el caso.

El Albéniz fue quizá el teatro donde más miedo sintió Luis Eduardo Aute antes de un concierto. Iba a presentar su espectáculo Animal, una fusión de poesía, vídeo y música: "No tenía idea de cómo iba a reaccionar la gente", dice. Pero los aplausos finales le asesinaron las dudas. "En ese teatro pasé del terror a la alegría de súbito", recuerda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de julio de 2007