Crítica:
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Las entrañas del capitalismo

"Quise disparar al corazón del público y, por accidente, le di en el estómago". Así resumía Upton Sinclair el impacto de su novela The jungle (1906), pieza clave de la literatura muckraker (escarbadora) de principios del siglo XX, que denunciaba las condiciones laborales de un grupo de inmigrantes lituanos en las plantas empacadoras de carne de Chicago. La polémica generada por ese trabajo propició el endurecimiento de los controles sanitarios, pero no logró que nadie diseñase una mejora de la política laboral. The jungle fue el gran modelo invocado por la crítica cuando, en 2001, Eric Schlosser publicó Fast food: el lado oscuro de la comida rápida (Grijalbo), concienzuda investigación sobre el sórdido funcionamiento de una industria alimentaria capaz de reducir el capitalismo al grado cero de su medular sordidez.

FAST FOOD NATION

Dirección: Richard Linklater. Intérpretes: Greg Kinnear, Ashley Johnson, Catalina Sandina Moreno, Ethan Hawke. Género: denuncia. Reino Unido-Estados Unidos, 2006. Duración: 116 minutos.

Fue el propio Schlosser quien sugirió a Richard Linklater otro modelo literario para adaptar al cine su best seller de no ficción: la novela atomizada (en relatos interconectados) Winesburg, Ohio (Cátedra), escrita en 1919 por Sherwood Anderson, tapiz de desencantos sobre el escenario de una ciudad de provincias que tiene, entre otros honores, el de haber despertado la vocación literaria de Amos Oz.

La decisión de transformar el trabajo periodístico de Schlosser en ficción colectiva a lo Robert Altman ha sido, no obstante, un arma de doble filo. Por un lado, Linklater evita caer en la retórica sensacionalista de recientes documentales de denuncia. Por otro, Fast food nation, la película, no consigue esquivar una simplificación lindante con la ingenuidad y tampoco llega a su meta sin salpicarse de amarillismo y algún que otro recurso barato, casi de culebrón.

Linklater abre su película con una elocuente perversión del lenguaje publicitario: lo que podría ser el perfecto anuncio de una cadena de hamburgueserías se remata con una lynchiana inmersión de la cámara en la carne grisácea, que parece adquirir la dimensión de un planeta desolado. A partir de ese instante, la estructura narrativa propone un corte en sección para desvelar, hacia atrás, el proceso que se oculta tras ese disuasorio producto de consumo.

Fast food nation habla con lucidez del inoperante candor de los activismos juveniles, pero cae en un chirriante tremendismo al abordar las peripecias de sus personajes mexicanos. Al final, quedan tres grandes escenas de lucimiento (las de Kris Kristofferson, Bruce Willis y Ethan Hawke) y la sensación de que Linklater quizás haya apuntado a nuestro corazón, pero ni siquiera ha acertado a nuestro estómago.

Imagen de <i>Fast food nation,</i> de Richard Linklater.
Imagen de <i>Fast food nation,</i> de Richard Linklater.

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