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Análisis:Juicio por el mayor atentado en España | 11-M

Las heridas del proceso o nada volverá a ser igual

-A mí me daría vergüenza que me pagara El Mundo.

-Pues más vergüenza me daría a mí que me pagaran los GAL.

Este rifirrafe dialéctico que tuvo lugar hace unos días en la pequeña sala de togas del juicio del 11-M entre dos abogados, uno de la acusación y otro de la defensa, es sólo un ejemplo de hasta qué punto se han deteriorado las relaciones personales entre los letrados tras las más de 50 sesiones del macrojuicio del 11-M.

El desarrollo de la vista ha originado complicidades y simpatías después de cuatro meses de estrecha convivencia, pero también conflictos e incluso malos modos entre los letrados. Aun así, se suelen respetar las formas y hasta predomina el colegueo, incluso cuando defienden las teorías más dispares.

El juicio ha originado complicidades y conflictos entre los abogados

Este juicio está dando para mucho y una serie de acusaciones con base en pruebas falsas o mendaces, con un claro tinte político, han ejercido un papel espurio intentando desacreditar las pruebas de la propia acusación, con el consiguiente rebote de los otros acusadores, éstos sí, genuinos. Se ha dicho que alguno de estos letrados en funciones polémicas actuaba así por obligación y sin convicción. Y es que, ya perdonarán, pero es comprensible que alguien tenga la muy humana finalidad de no perder una parte importante de sus clientes. Porque, por si no lo sabían, les contaré que en el pasado algún letrado colaborador habitual de una de estas asociaciones fue fulminantemente despedido por discrepar del líder en el enfoque de un proceso contra ETA.

También entre las defensas ha habido pendencias. Algún listo, creyendo que era gratis, para tratar de salvar a su cliente, se ha dedicado a condenar a otros. Y eso constituye una declaración de guerra, por lo que algunos procesados están más condenados por las maniobras de otros defensores que las de las propias acusaciones. Pero, con todo, las mayores afrentas se han producido entre iguales, es decir, entre gente que además de colegas eran amigos y habían defendido juntos posturas similares, especialmente en la lucha contra ETA. Sin duda, una parte no pequeña de la culpa la ha tenido la kafkiana postura de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), cuyo máximo dirigente, Francisco José Alcaraz, se ha puesto al frente de la manifestación con el insistente propósito de conseguir que la banda terrorista ETA apareciera por algún sitio en los atentados del 11-M. Emilio Murcia, representante oficial de la AVT en el juicio, incidió desde el primer momento en los supuestos vínculos de ETA con los atentados. Al final de la vista, sin embargo, reconoció que ETA no aparece por ningún lado, aunque, eso sí, se ha extrañado de que se haya investigado tanto esa relación. ¡Si han sido ellos los que han estado raca raca, buscando la vinculación!

Por el contrario, el más entusiasta, Juan Carlos Rodríguez Segura, abogado habitual de la AVT, pero que en este caso representa a varios de los afectados, ha mantenido que los atentados son el producto de una confluencia de organizaciones terroristas, se ha quejado de que no se haya investigado suficientemente el vínculo con los etarras y ha defendido que, aunque no hay pruebas de que ETA tenga alguna relación con los atentados, "creemos que está ahí y punto". Argumento de gran solidez jurídica. Además, retiró la acusación por los atentados del 11-M para toda la trama asturiana (sólo les acusa por la explosión del piso de Leganés); y para uno de los presuntos autores intelectuales, Mohamed el Egipcio, y uno de los supuestos autores materiales, Jamal Zougam. Como acusación, un despropósito.

Estas tesis han proporcionado argumentos de defensa a los acusados (el defensor de Zougam y de Basel Ghalyoun se sumó públicamente a estas tesis), lo que ha generado incomprensión y enfrentamiento dialéctico con otras acusaciones, algunos de cuyos abogados han formado piña con ellos en la lucha contra ETA. Manuel Murillo y, sobre todo, José María Fuster han atacado con dureza las posiciones de los letrados de la AVT por entender que hacen un flaco favor a la lucha contra ETA. Las relaciones han estado muy tensas y aunque todos los días se solían formar dos grupos para comer en los restaurantes próximos al lago de la Casa de Campo, uno de abogados de la defensa y otro de los de la acusación, los abogados de la AVT y de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M jamás compartieron mantel con los demás.

Dispuestos a restañar heridas, algunos de estos letrados, que están condenados a estar del mismo lado en próximos procesos contra los terroristas de ETA, se han pedido disculpas más o menos en privado, una vez que ha acabado su actuación en el juicio. Fuster Fabra, que regresaba a Barcelona, se fundió en un abrazo de despedida con Rodríguez Segura, gesto que pretendía cierta intimidad pero que accidentalmente fue presenciado por más de una decena de periodistas que con cierto regocijo, vitorearon la reconciliación. Nobleza obliga, pero ya nada volverá a ser igual.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de julio de 2007