Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Editorial:

Selectividad a examen

Tras finalizar la semana pasada en toda España las pruebas de selectividad para acceder a la Universidad, una vez más vuelve a surgir la polémica sobre la necesidad de revisar este sistema. La selectividad (que cuenta un 40% en la nota final del alumno, frente a un 60% la de Bachillerato) ha perdido el carácter decisivo que tenía en las últimas décadas para entrar en la carrera preferida, de forma que ya desde el pasado curso académico se puede acceder a 105 carreras con un cinco en alguna parte de España. Sólo hay 11 titulaciones en las que es imposible entrar si no se tiene más nota. Esto se ha debido principalmente al cambio que ha experimentado el mapa demográfico español con la bajada de la natalidad, que ha llevado a que este año las universidades ofrezcan 292.000 plazas para tan sólo 200.000 estudiantes.

Aunque esta situación beneficia claramente a los alumnos, también revela la necesidad de revisar el sistema para adaptarlo al nuevo panorama. Aunque el Gobierno anunció esta revisión cuando reformó la Ley Orgánica de Universidades (LOU) -en vigor desde el pasado mayo-, hasta el momento no ha planteado ninguna propuesta y la realidad está demandando ya ese cambio. Lo razonable sería que, puesto que existe mucha más oferta que demanda, se haga un esfuerzo por adaptar esa oferta a las peticiones de los alumnos para evitar, por ejemplo, que un estudiante no pueda entrar en alguna titulación porque le falten unas pocas décimas en la nota.

Ha quedado obsoleto uno de los dos objetivos de la selectividad, el de servir como sistema de distribución de los alumnos en los centros superiores. El otro objetivo, el de garantizar que todos los estudiantes tengan un mínimo de conocimientos antes de ingresar en la educación superior, en cambio, siempre será necesario y, de hecho, la inmensa mayoría de los países de nuestro entorno cuentan con pruebas al final del Bachillerato con este propósito. En ese aspecto debería centrarse la reforma, de forma que la prueba sirva para confirmar los conocimientos de los alumnos, garantizando un nivel mínimo en la mayoría de las disciplinas.

Quizá sería razonable plantear además una combinación de posibilidades, como pruebas específicas de acceso únicamente en las titulaciones en las que la demanda sea mayor que la oferta, o un primer año más selectivo en algunas carreras, aunque el nivel de conocimientos en las materias relacionadas con la elegida ya se garantiza en la elección de las ramas de Bachillerato.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de junio de 2007