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Reportaje:

Puerto electrónico

La dársena de Valencia se une a la moda que adapta espacios públicos en inmensos clubes de baile con Jeff Mills de estrella

Aeropuertos, antiguos presidios, cuevas, auditorios clásicos, castillos, puertos... La música electrónica se conjuga con todo tipo de espacios. Se buscan nuevos y epatantes escenarios. Los espacios públicos, la arquitectura mediática, los no-lugares de tránsito reclaman la presencia de dj. La música tecno sale de los clubes. Su impronta alternativa, ajena a lo institucional, ligada a las fábricas y alegales raves de sus inicios, se disuelve. Uno de los pinchadiscos más populares e influyentes, el estadounidense Jeff Mills, acaba de ser nombrado Caballero de las Artes y las Letras por el Gobierno francés. Algo grande, pero paradójico, para alguien que empezó en el colectivo underground resistance (resistencia subterránea).

Pero Jeff Mills sigue siendo un dj íntegro, capaz de relacionarse con las masas sin doblegarse a la pachanga. Su sonido africanista y abstracto (el tecno de Detroit) es invocado por nuevas generaciones, y Mills está en la cima, con un caché de hasta 35.000 euros. Lo demostró la noche del sábado en uno de esos nuevos escenarios. Junto al mar, a los pies del icono de la regata más exclusiva del mundo, el edificio mediático Veles e vents, Mills protagonizó la velada electrónica de la Copa del América, en la que también participaron los dj Ralph Lawson, François K y Nacho Marco. A pesar de que la afluencia de público no cubrió expectativas en relación con lo generoso del cartel -quizá por un problema de promoción, quizá porque la ciudad no responde de inmediato a las propuestas más cosmopolitas-, la flamante dársena del puerto se ha confirmado como un atractivo espacio para conciertos y para el ocio en general. Con las grúas portuarias de fondo, de espaldas al cercano y deteriorado barrio de El Cabanyal, la dársena se suma, por ejemplo, al aeropuerto de Ámsterdam. Allí, en un no-lugar institucional, actuó hace dos meses otro popular dj, Tiësto. "Pensar que la música tecno es exclusiva de las generaciones más jóvenes sería indecente e inexacto", dice Mills, de 43 años. "La gente más interesante y artísticamente más estremecedora es mayor que yo", agrega.

Por ejemplo, François K, otro gran nombre de la noche, tiene 54 años y un caché de hasta 15.000 euros. Fue colaborador en Nueva York del dj más mítico, el fallecido Larry Levan. Ha remezclado a Cesaria Evora y Gloria Estefan y vivió el fin de la era disco.

El maestro Mills no había pinchado nunca tan cerca del mar. Horas antes de la actuación, reconocía en exclusiva a este periódico su interés por el modo en que el "sonido viaja cuando está cerca de grandes masas de agua". Él ha actuado "dentro de una cueva, en edificios abandonados, en aviones, en salas de orquesta, en un castillo". ¿Son estos espacios públicos la alternativa a los clubes clásicos? Quizá algún día, según Mills. "Cuando las generaciones que están hoy creciendo con la música electrónica tengan más que decir en el plano político y cultural", opina. Entonces decidirán el destino de los impuestos.

Sí había actuado en un puerto deportivo el muy respetado dj británico Ralph Lawson, que actuó junto con su banda 20:20 Vision Soundsystem. "Aunque el lugar más original donde he tocado fue una isla rusa, que solía ser utilizada como presidio". Lawson no quiere ni oír hablar de aeropuertos como escenarios, pero sí recuerda con mucho agrado "cuando la música house empezaba" y organizaban "fiestas guays en hangares". Lawson es un admirador de la "inspiradora" arquitectura del "genio" Calatrava.

Los asistentes a la velada parecían hipnotizados por el enorme escenario, el aire de la noche, la singularidad. "Viene Jeff Mills junto al mar, y hay que estar aquí", afirmaba un enfervorecido Miguel Ángel, de 23 años.

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