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Reportaje:

Despachos de un solo sexo

Una fetua dictada en Egipto prohibe que un hombre y una mujer trabajen a solas si ella no lo ha amamantado

La prensa egipcia de ayer oscilaba entre el sarcasmo y la indignación. Dos profesores del Al Azhar, el centro teológico del islam suní por excelencia, han dictado una fetua según la cual la única forma de que un hombre y una mujer trabajen a solas en un despacho es que ella le haya "amamantado" previamente. Muchos musulmanes empiezan a estar hartos de estas extravagancias que dan una imagen ridícula de su religión.

La interpretación tradicional del islam establece que dos personas del mismo sexo que no estén casadas o tengan un vínculo familiar próximo, no pueden estar a solas. Los musulmanes más estrictos llegan a aplicar una segregación que a ojos occidentales se asemeja al apartheid de las mujeres. Sin embargo, en el día a día, son millones los creyentes que han adoptado una actitud mucho más relajada sea por convicción, motivos laborales o cuestiones prácticas. Otros consideran que basta con que la mujer vaya cubierta con el hiyab.

Ahora bien, de acuerdo con Ezzat Attia y Abdelmahdi Abdelkader, la mujer podría quitarse completamente el velo y quedarse a solas con un compañero de trabajo siempre que le hubiera "amamantado directamente de su seno en cinco ocasiones". Tan peculiar propuesta proviene, según explican algunos teólogos, de una interpretación errónea de un caso de tiempos de Mahoma, cuando el profeta aconsejó a una madre que diera su leche a un hijo adoptivo,

Ni siquiera eso ha acallado la indignación suscitada por el edicto religioso. "Es insensato", ha declarado la teóloga egipcia Malika Yusef, citada por el diario Al Karama. La mayoría de los comentaristas coincidían con Yusef. Pero no es la primera vez que una luminaria religiosa desata la polémica. El año pasado, Rashad Hasan Jalil, un antiguo decano de la facultad de Sharia (ley islámica) de Al Azhar, se descolgó con que si los esposos realizan el acto sexual completamente desnudos se invalida el matrimonio.

Y no es sólo en Egipto. Un clérigo musulmán indio dictó una fetua contra la ropa que la tenista Sania Mirza utiliza para jugar al tenis. La cuestión no pasaría de lo anecdótico sino fuera porque en algunos casos esos edictos religiosos instan al asesinato o justifican actos terroristas. Occidente lo descubrió cuando el ayatolá Jomeini emitió su fetua contra Salman Rushdie en 1989, a raíz de la publicación de Los Versos Satánicos.

No obstante, en contra de una visión muy extendida, esos edictos no son obligatorios para todos los musulmanes. El asunto de fondo es que el islam carece de una institución global con autoridad para dictar normas de obligado cumplimiento para los creyentes. Además, no sólo hay cuatro diferentes escuelas jurídicas suníes (hanafi, maliki, shafai y hambali) y tres chiíes (yafari, ismailí y zadí), sino que cualquier clérigo, sin importar su preparación, puede emitir una fetua, algo cada vez más cuestionado entre los musulmanes.

Lo habitual es que, cuando alguien con escasa formación o con un fundamento teológico dudoso, dicta un edicto controvertido, instancias religiosas superiores lancen otro de signo contrario. Pero estos suelen pasar desapercibidos para los medios de comunicación que se hicieron eco del primero. Así sucedió cuando el Comité para la Ley Personal de Todos los Musulmanes de India rechazó la fetua contra la ropa de tenis de la joven Mirza y manifestó que "el comité no tiene objeción si las chicas musulmanas participan en concursos de belleza, trabajan de modelos o llevan bañadores".

El problema es de tal envergadura que el Parlamento jordano aprobó el año pasado una ley restringiendo la emisión de edictos religiosos a un consejo nombrado de forma oficial, el Tribunal Supremo de Bangladesh estableció en el año 2000 que las fetuas que condenan a muerte son ilegales y la comisión de derechos humanos de Pakistán pidió en 1998 que se prohibieran.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de mayo de 2007