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Crítica:

Cosas del 'yonqui-chic'

Las contradictorias fuerzas del tremendismo y el yonqui-chic intentan encontrar un imposible equilibrio en esta película que bien podría ser el Réquiem por un sueño (2000) del pobre. Adaptación de la novela homónima del poeta australiano Luke Davies, la película, dirigida por el cineasta de formación teatral Neil Arm-field, se abre con una metáfora visual tan obvia que no debería sorprender en exceso al espectador la sucesión de tópicos que le aguardan tras los títulos de crédito. Candy es, esencialmente, la historia de amor en el filo entre un poeta heroinómano (Heath Ledger) y la estudiante de arte (Abbie Cornish, esforzándose en ser la próxima Nicole Kidman) que le acompañará en su descenso a los infiernos. La mirada de Armfield recorre el poco verosímil esplendor de sus cuerpos con la delectación morbosa de un falso fetichista de la languidez toxicómana. El moralista que lleva en su interior no tardará en tomar las riendas del espectáculo para cargar las tintas a la menor ocasión.

CANDY

Dirección: Neil Armfield. Intérpretes:. Heath Ledger, Abbie Cornish, Geoffrey Rush, Tom Budge. Género: Drama. Australia, 2006. Duración: 108 minutos.

Después de asistir a la casi insoportable representación del parto de un bebé muerto (y anunciado), este crítico sintió que desfallecía su ánimo al leer el título del último apartado de esta historia: Infierno. Tampoco habría intuido jamás que una canción de Tim Buckley podría acompañar un discurso limítrofe con Martín Vigil. Tras la proyección quedaba el parco consuelo de haber visto a Geoffrey Rush en el papel, secundario pero poderoso, del profesor de química toxicómano que ejerce de padre sustitutivo de la pareja protagonista: una creación alejada del lugar común, pero abandonada en el confuso punto de encuentro entre la afectación formal y el discurso sensacionalista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de mayo de 2007