Elecciones presidenciales en Francia

Libertad, igualdad, fraternidad y Sarko

Decenas de miles de personas entonan una y otra vez 'La Marsellesa' en el centro de París durante la fiesta electoral para celebrar el triunfo del candidato conservador

"Libertad, igualdad y fraternidad, Sarkozy". Durante la fiesta electoral en la plaza de la Concordia, con la torre Eiffel iluminada como paisaje de fondo, miles de personas corearon los lemas más diversos a favor del líder conservador, mientras no se cansaban de entonar, una y otra vez, La Marsellesa. No era una fiesta gigantesca -había unas 30.000 personas según los organizadores- y, desde luego, no desbordó la inmensa explanada situada en el corazón de París.

En el concierto hubo de todo: un poco de Operación Triunfo, un poco de bacalao y un poco de raï de calidad, a cargo de Faudel; pero los asistentes esperaban a la auténtica estrella: el nuevo presidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy. Una extraña costumbre de las elecciones francesas es que el vencedor, como si fuese una vuelta ciclista, es seguido en todos sus movimientos por una nube de cámaras en moto. Escuchó los resultados en su cuartel de campaña, en el barrio popular de Saint-Denis, junto a sus íntimos y su mujer, Cecilia, y luego se desplazó a la Sala Gaveau para pronunciar su discurso. Posteriormente cenó en una de las brasseries más famosas de París, Le Fouquet, antes de ir al concierto.

"He visto muchas victorias a lo largo de mi vida política y sé que la victoria sólo es bella si es generosa, si no es una venganza", exclamó entre los aplausos de la multitud en un breve discurso durante el que no pudo ocultar una cara de inmensa felicidad. "No habrá derechos sin deberes", prometió, antes de afirmar: "Todo el mundo tendrá su oportunidad, pero deberá ganársela. No os mentiré, no os traicionaré".

"Ha sido un discurso sobre todo conciliador, pero también de alguien que tiene ganas de pasar a la acción", asegura Geraud, un abogado de 34 años, que ha acudido con un grupo de amigos al concierto. "Pero nunca un presidente de la República ha sido tan responsable ante sus electores. Deberá rendir cuentas y hacerlo pronto".

Quizá uno de los motivos por los que la fiesta no se desbordó es que todos daban por descontada la victoria: el escenario había comenzado a montarse por la mañana, pero los autobuses urbanos ya anunciaban desde el sábado que iban a desviar sus rutas. Nadie creía que los sondeos se equivocasen esta vez, ni los partidarios del aspirante conservador, ni sus detractores más extremistas.

"¡Qué le vamos a hacer!". Todavía faltaban bastantes horas para que se conociesen los resultados oficiales, pero la mayoría de los votantes del distrito III de París, el Marais, se mostraban ya resignados a una victoria de Sarkozy. En Boboland, el territorio de los Bohemios Burgueses, casi nadie esperaba una sorpresa. "Creo que va a producirse una reacción social gigantesca. Su programa no es tan peligroso en el terreno económico, porque en este campo está bastante estructurado, pero sí lo es en lo social", explica Patrick, un físico de 60 años, en pleno Marais, un barrio en el que Royal obtuvo el 40% en la primera vuelta.

En cambio, en el distrito XVI, en el París majestuoso y burgués, pero nada de nada bohemio, las cosas se veían de una forma completamente diferente desde la mañana. "Qué vuelva a Poitou-Charentes", exclamaba una mujer mientras entraba con su familia en un colegio electoral situado en la avenida George Mandel, en el corazón del distrito XVI, en el que Nicolas Sarkozy rozó el 70% de los votos en la primera vuelta. La candidata socialista, Ségolène Royal, es presidenta de la región de Poitou-Charentes.

"Sarkozy sólo habla del trabajo y del valor del trabajo, pero la vida también es importante", aseguraba en el Marais Patrick, un empleado de 50 años. "Se acabó el cachondeo", señalaba después de votar Pierre, un funcionario de 48 años. Desde luego, en el París izquierdista, no fue una jornada de risas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 07 de mayo de 2007.

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