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Entrevista:JUAN FERNÁNDEZ GÁLVEZ, 'PARRILLA' | Compositor y flautista | SIGNOS

"El duende no se puede escribir"

Juan Fernández Gálvez, Parrilla (Jerez de la Frontera, 1968) pertenece a una familia de honda y larga tradición flamenca, los Parrilla, de la que él forma parte de su cuarta generación. En el origen se sitúa el nombre de Juanichi El Manijero, cantaor y creador de una memorable seguiriya. Tras él vendría Tío Parrilla que, además de cantar, ya fue tocaor; y los también tocaores Manuel y Juan Parrilla, este último su padre. La tradición guitarrística la ha continuado su hermano Manuel, pero no así su otro hermano, Bernardo, violinista, ni él mismo, que empezó sus estudios de flauta en su Jerez natal para completarlos en Madrid con el maestro Andrés Carreres, primer solista de la Orquesta Nacional.

"Una flauta que suene flamenca se tiene que acordar del cante"

"Al flamenco hay que dejarlo evolucionar. Toda música tiene que evolucionar"

Actualmente, Parrilla es demandado para crear la música de las principales figuras del baile, además de otras colaboraciones discográficas. Compagina su trabajo con Antonio Canales y Rafael Amargo y durante mucho tiempo fue el compositor de las obras de Joaquín Cortés. Tan apasionado de la docencia como de las nuevas tecnologías, en su página web se puede acceder a los play along que él ofrece, una forma virtual de tocar a su lado. Sin duda, mucho más real fue la experiencia que vivió una veintena larga de alumnos de flauta del Conservatorio de Jerez a los que recientemente impartió un seminario. Parrilla defiende la necesidad de evolucionar del flamenco, como ocurre con cualquier tipo de música.

Pregunta. Con usted y su hermano Bernardo se quiebra un tanto la tradición guitarrística de los Parrilla. ¿Qué le lleva a elegir un instrumento nuevo en la familia?

Respuesta. En mi casa todos estábamos obligados por decreto a la guitarra y mi hermano Manuel ya era un virtuoso con ocho años. Sólo después de demostrar mi absoluta incapacidad con ella, digamos que se me permitió probar con la flauta. Por entonces se oían los discos de Felipe Campuzano y tenían la flauta de Pablo Becerra, que fue el primero que tocó la flauta en el flamenco, y también Manolo Sanlúcar la había incorporado como acompañamiento en sus grabaciones. Jorge Pardo vino después en la formación de Paco de Lucía y fue como una confirmación.

P. Y viendo los nuevos instrumentos que acceden al flamenco ¿cuál cree que es el lugar que ocupan el cante y la guitarra?

R. La guitarra es el instrumento principal del flamenco, al que tenemos que seguir; y luego el cante es lo que todos -los saxos, las flautas- intentamos copiar. Una flauta que suene flamenca se tiene que acordar del cante. Pero cualquier instrumento puede sonar flamenco. A mí me ha venido hasta un alumno de sakuhashi, que es un instrumento de viento tradicional japonés; le puse una taranta y sonaba más flamenca que mi flauta. Evidentemente, antes era todo más difícil, pero ahora, a los chavales jóvenes -como en este seminario de Jerez- se les pone en la pizarra y tocan por fandangos, por alegrías... Y las comprenden. Las cosas empiezan a gustar cuando se entienden. Sin duda, algo lo da la tierra, pero no sólo.

P. Usted se dedica mucho a la docencia y usando, además, el pentagrama. Sin embargo, siempre se ha dicho que el flamenco no se podía encerrar en esas líneas.

R. Es que el flamenco no se ha entendido porque quizás no se ha vivido. Yo -y algunos más- tenemos la suerte de haberlo vivido desde pequeños en la familia. Luego, hemos entrado en los conservatorios y tenemos los dos idiomas. Esto se toca así pero, realmente, se escribe así, y cuando lo explicas, la gente lo entiende y le pierde el miedo. El flamenco se puede explicar, claro que sí (y reproduce el compás de 12 tiempos que le enseñó su padre). Lo que no se puede escribir es el duende, la forma de interpretarlo. Es como en el cante, que hay gente con eco y gente que no.

P. Y detrás de toda esta renovación instrumental ¿cree usted que se esconde un nuevo concepto de flamenco?

R. Sí, por supuesto, lo que pasa es que nos tienen que dejar evolucionar. Los puristas siempre han estado ahí, guardianes, aunque afortunadamente no conmigo o con mi hermano, que nos han dejado tranquilos quizás por venir de donde venimos. Pero al flamenco hay que dejarlo evolucionar. Toda música tiene que evolucionar, como evolucionó el tango Piazzola, que no lo querían en Argentina, y ahora el tango argentino se escucha en todo el mundo por Piazzola. Siempre tiene que haber gente que apueste por evolucionar y si nos dejan los puristas, muy poquito a poco, pues mira, ya estamos dando seminarios de flauta flamenca en conservatorios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de mayo de 2007