Entrevista:ROGELIO BOTANZ | Cantautor | Fin de semana

"Estoy felizmente insatisfecho con mi nivel de reconocimiento"

El cantautor Rogelio Botanz (Legazpia, 1956) acaba de editar Vuelos (Gaztelupeko Hotsak), disco en que combina sustrato pop e interés por sonidos canarios. Supone la duodécima entrega de un artista afincado en Tenerife desde 1978, contando los que grabó con Taller Canario de la Canción, proyecto compartido con Andrés Molina y Pedro Guerra.

Pregunta. ¿Qué ha querido ofrecer en Vuelos?

Respuesta. Sobre todo, un Rogelio más personal. En el disco anterior canté poemas de Alfonso Sastre que defendía como míos, pero no eran míos. Y el anterior, Tiempo, estaba abierto a realidades que me importan mucho, pero no son mías. Y Vuelos lo he grabado con la guitarra que tenía con 16 años.

P. Se le considera un cantautor vinculado al folclor, pero aquí hay una base pop.

R. Sí. Cuando me encontré con la Nueva Trova en las Canarias, a fines de los 70, fue un descubrimiento tremendo, pero eso no impide que construya canciones en las que el sustrato fundamental es pop. Traducíamos y cantábamos a Dylan en castellano. Y los Beatles son para mí una referencia.

P. ¿El mundo está tan mal como canta en Polución?

R. Está peor. He oído que hay seria preocupación porque no hay abejas, y Einstein dijo que con tres años sin abejas desaparece la vida en el planeta. Pedro García Cabrera, autor de esa letra, estuvo en su día sentenciado a muerte y ahora empieza los versos diciendo "ahora sí que estamos en capilla".

P. Cuando se habla de usted suele surgir el nombre de Taller Canario. ¿Se parece en algo su propuesta a la de entonces?

R. Sí. Una de las venas del Taller era el trabajo en torno a los ritmos y las sonoridades canarias. En este disco la canción ¿De dónde? empieza con el ruido de gotas de agua que caen en unas tinajas de alfareros canarios y cierran la canción unos tambores herreños.

P. ¿Se considera suficientemente reconocido?

R. Uno siempre quiere más, pero yo canto porque me gusta. Soy un animal de escenario que no imagina la vida de otra manera. Y creo que hay cosas que deben ser dichas para que sean oídas. En ese sentido, vivo este nivel de marginalidad de la industria con aceptación feliz, pero no convencido de que es lo que deseo. He cantado en el Fórum de Barcelona, en Suráfrica, en México, en Marruecos, tengo mi propio estudio doméstico profesional... Estoy felizmente insatisfecho.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 27 de abril de 2007.

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