Crítica:POESÍACrítica
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Prodigios diarios

Es ya una norma que el debate estético en nuestro país descanse en la confrontación de dos opciones: realismo contra metafísica. Figuración contra irracionalismo. Sin embargo, no son pocos los poetas que intentan superar esa simplista contradicción y hacer del poema una zona de convivencia de la experiencia de lo cotidiano con lo extraordinario. En ese campo cabe situar a Alexandra Domínguez (Concepción, Chile, 1956), cuyo primer poemario, La conquista del aire (2000), apostaba fuerte por ello.

Poemas para llevar en el bolsillo ahonda en esa línea. Muestra que apostar por la complejidad y la belleza lingüística no sólo no supone ocultar la realidad y sus contradicciones, sino intensificar el acercamiento a lo cotidiano, al pensamiento, a la propia memoria. Los poemas de Alexandra Domínguez son poemas emocionalmente intensos, escritos desde la mirada de la complejidad, en los que las imágenes "figurativas" se combinan con azogues surrealistas. Poemas hechos de pequeños detalles y de grandes sueños, de sedimentos de lecturas y de anécdotas recordadas. Todo ello, en un verso libre tenso, musical, de una naturalidad acogedora e inquietante: "Las palabras se descalzan, / la gente que las pronuncia no debe hacer ruido para que entren en el poema", afirma en Emily, dedicado a la Dickinson.

POEMAS PARA LLEVAR EN EL BOLSILLO

Alexandra Domínguez

Renacimiento. Sevilla, 2007

50 páginas. 9 euros

Ese hilo conductor descansa, además, en la reivindicación de una memoria en la que la cultura y el compromiso con los desfavorecidos ("Los días eran grandes como catedrales iluminadas por el joven camarada de la revolución") se impregnan con las emociones más personales: los amigos íntimos, la evocación de lecturas memorables -Bowles, Melville, Rojas, Lee Masters-, las sensaciones nacidas en tardes lejanas o en momentos turbios. No es fácil mantener una propuesta equilibrada sobre tal acarreo de materiales. Sin embargo, Domínguez lo logra: con inteligencia y sensibilidad y con un exigente y creativo dominio del lenguaje (el único soneto, Rima de lo difícil, es una muestra rotunda de ello). Una mezcla, en fin, de la que nos habla el siguiente verso: "La eternidad son personas que caminan entre la multitud, / gente del desierto con los zapatos mojados".

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 27 de abril de 2007.

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