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Crítica:

Para una historia de la cibercultura

José Luis Molinuevo consigue alzarse como una de las voces críticas y analíticas de las prédicas protecnológicas sin caer en los brazos del reaccionarismo temeroso de los cambios y del paso del tiempo. Su aportación a la filosofía de las nuevas tecnologías pasa por encontrar un ciudadano estéticamente correcto y capaz de vivir el presente.

Si algo caracteriza al desarrollo tecnológico es que nos lanza constantemente hacia el futuro como llevados por un huracán irresistible. Este viento de lo porvenir, del progreso, tiene el poder de desarraigar el pensamiento, lo cual resulta cuando menos sorprendente. Las así llamadas hasta el hartazgo tecnologías de la información y comunicación parecen recién llegadas a un debate que dura años dentro de la larga historia del pensamiento occidental. Como consecuencia, el pensamiento adelgaza y parece incapaz de dar respuestas. Pero ciertamente este ritmo trepidante que salta entre obsolescencias programadas, usos inesperados de la tecnología, propiedades emergentes de los sistemas, et alia, tiene un pasado breve pero extraordinariamente denso. Y también es cierto que Minerva alza el vuelo al atardecer pero lo hace con los ojos bien abiertos a fin de distinguir entre sombras y obstáculos que puedan impedir su vuelo. Sin duda el presente libro es importante para bucear en ese tiempo tan relativamente corto pero tan lleno de acontecimientos tanto tecnológicos como culturales y políticos, no se olvide. Hemos asistido al fin de la "pax americana" y la guerra se convierte en la política por otros medios. El terrorismo es el activo más valorado en la bolsa internacional y la emigración exige cada vez más ser incluida dentro de la carta de derechos humanos. Nada de esto deja indiferente al desarrollo tecnológico que ayuda, provoca u obstaculiza estas "cuestiones candentes" de nuestra era. La cibercultura se vuelve más compleja a la misma velocidad que los sistemas operativos y versiones de programas: también más rica y de análisis exigente. Hay quiebras epistemológicas donde resulta muy fácil quedar atrapado como la ya mencionada en el subtítulo del libro: no nos quedan, o mejor, no deberíamos querer ni creer en utopía digital alguna. Es labor de la filosofía, que Molinuevo ejemplifica extraordinariamente, no dejarse atrapar por tales trampas.

LA VIDA EN TIEMPO REAL La crisis de las utopías digitales

José Luis Molinuevo

Biblioteca Nueva. Madrid, 2007

167 páginas. 12 euros

Se trata de revisar postula

dos y tópicos al respecto para descubrir que antiguas divisiones, concepciones que creíamos desaparecidas, vuelven a nacer en este tiempo de cambio acelerado con sorprendente contumacia. La vieja dicotomía entre reaccionarios temerosos del cambio y apóstoles de la utopía tecnológica sigue presente y resulta útil para analizar y realizar lo que la tradición siempre ha pedido; una visión crítica, analítica, de los fenómenos que huya a partes iguales de las ideologías que obscurecen la óptica analítica sobre ellos. Así que aquí reside uno de los valores más importantes del libro, la lucidez a la hora de examinar este panorama tan fácilmente confundente entre los maximalismos seudoluddistas y la prédica protecnológica. Siguiendo a Molinuevo incluiríamos a autores como Finkielkraut, Virilio y otros como una forma sutil de reaccionarismo por no comprender los valores de la tecnología y refugiarse en una cerrazón completamente opaca al signo de los tiempos. Por el otro, por quienes apuestan por una tecnología como forma de salvación, encontramos un sutil conservadurismo que no presta atención a problemas más serios como son la emigración o el choque entre determinadas versiones del islam y Occidente. Es la idea -o no idea, mejor dicho- de una cultura californiana demasiado absorta en sus logros y estilo de vida. Estas apreciaciones son de gran valor en el libro de Molinuevo porque lanzan el tema de la cibercultura, el tema de nuestra época, parafraseando a Ortega, a un ámbito más allá y más acá de la tecnología. Por ello, y en perfecta armonía, han de analizarse también otros iconos de la época que muchas veces son ninguneados por los expertos. La ciencia-ficción señala una interesante deriva que alumbra las cuestiones de una manera propia. De ahí que se agradezcan en el libro los numerosos análisis de películas y relatos de ciencia-ficción, incluyendo no sólo las grandes obras como 2001, Una odisea del espacio, sino el Existenz de David Cronenberg, Ghost in the Shell de Oshiiri o la ya clásica Neuromante de William Gibson, entre otras. La atención hacia lo que otros denominan "pop culture" sirve para acceder a otros registros tan cruciales como el benjaminiano ángel de la historia o la cultura nómada del posmodernismo francés. El libro acaba, no podría ser de otro modo, con una interesante propuesta del ciudadano digital, retomando el pensamiento de Schelling. Se trata de encontrar a un ciudadano estéticamente correcto que sea capaz de vivir en el presente. Dicho de otro modo, una educación del gusto que nos lleve a una responsabilidad, tanto individual como del espacio público. Y por todos estos ingredientes, no sería exagerado afirmar que el libro de Molinuevo es sin duda una gran aportación al no demasiado fructífero campo de la filosofía de las nuevas tecnologías en España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de abril de 2007

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