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Reportaje:

El político se retira

Alfredo Marco Tabar, fundador de la UCD y el CDS, abandona toda actividad pública tras más de 40 años dedicación

ALFREDO MARCO TABAR se retira de la actividad política. A sus 74 años, el hasta ahora juntero del PP en Álava cierra una trayectoria que comenzó como procurador en las Cortes franquistas, pasa por su papel como dirigente de la UCD y el CDS, sin olvidar los dos años al frente de la alcaldía de su Vitoria natal o su protagonismo en eventos fundamentales de la historia vasca, como el pacto de Ajuria Enea. Este abogado nacido en el centro de la capital alavesa, padre de seis hijos, aficionado a la caza, y uno de los más firmes defensores del espíritu de la Transición, se dedicará ahora a disfrutar exclusivamente de su vida privada. "Para comenzar, he dejado ya de leer los periódicos", dice.

En estos primeros días de descanso, Alfredo Marco Tabar se afana en recuperar parte de su jardín, dañado por la última nevada. Tras 42 años dedicado a la política, aunque viviendo fundamentalmente del ejercicio de la abogacía, quien fuese uno de los principales dirigentes de la UCD en el País Vasco deja la actividad pública. "Ha llegado el momento; no hay otra razón. Ya no estoy en edad de merecer, pero cuento con una buena salud para desarrollar otras actividades", comenta. Atrás queda una trayectoria que comenzó en el sindicalismo franquista a mediados de los años 60, para llegar a concejal en 1970 y procurador en Cortes, por el tercio familiar, en 1972.

"Tengo que reconocer que nunca me he sentido más independiente ni más libre en el ejercicio de mi labor que cuando me eligieron como procurador; no tenía que seguir la disciplina de ningún partido", explica. Ante el gesto de sorpresa del periodista, se explica. "Es cierto que las Cortes de Franco estaban compuestas por una mayoría de designados, pero yo pertenecía al llamado tercio familiar, los únicos elegidos por sufragio. Todavía he visto, ya con la democracia, mis carteles en la calle Cuchillería".

Marco Tabar se encontraba en aquellas Cortes "como gallo en gallinero ajeno". Acudió en compañía de Luis Ibarra Landeta, una persona muy significada con la dictadura, con quien se llevaba bien. Pronto hizo buenas migas con un abulense, éste sí designado, que se llamaba Adolfo Suárez, "un hombre muy cercano, que no tenía rival en las distancias cortas", recuerda. Se vivían los últimos años de la dictadura y ya se atisbaba el cambio. "Ibarra, a pesar de su vinculación claramente falangista, siempre tuvo claro que estábamos ante el fin de un ciclo. En más de una ocasión, me dijo que no hiciera lo que él estaba obligado a hacer", rememora.

Ibarra consiguió una entrevista con Franco de aquellos dos procuradores de Vitoria. "Era un hombre que impresionaba, que infundía respeto, a pesar de encontrarse ya muy deteriorado; fue un momento en el que reconoces que nunca hay verdades completas", indica. Al final, Franco se murió en la cama el 20 de noviembre de 1975 y comenzó la transición a la democracia. El procurador, junto con otros vitorianos, promueve una candidatura independiente y foral en la que se integra Jesús Viana, un desconocido en la política, pero con un carisma reconocido por todo el espectro de partidos. "En la presentación de nuestro proyecto ya nos adscribimos a la UCD de Suárez y Viana hizo el resto. En cuatro días, se convirtió en el referente del partido en todo el País Vasco".

Marco Tabar tiene claro en qué residió el éxito de la UCD: "El espiritu de la Transición no lo crearon los políticos; surgió de la gente, que quería una resolución del cambio como el que tuvo lugar". Sin embargo, la vida de la UCD fue "efimera, como las crisálidas", en sus propias palabras. "Tengo un amargo recuerdo de su final: se pretendió derivar la UCD hacia la derecha que representaba AP y eso condujo a la dimisión de Suárez. En aquellas circunstancias, todavía es más signficativo el 23 de febrero de 1981, que dejó a cada cual en su lugar: fueron Suárez y Gutiérrez Mellado quienes mantuvieron el tipo ante los golpistas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de abril de 2007