Colombia y Ecuador aportan el 4% de los miembros del Ejército

Los militares con ciudadanía de ambos países suman el 80% de los extranjeros alistados

Más del 80% de los extranjeros alistados al Ejército español son ecuatorianos o colombianos. O lo que es lo mismo: cuatro de cada 100 soldados o marineros españoles tienen dicha nacionalidad. La presencia de nacionales de otros países es casi testimonial pero, en conjunto, los inmigrantes suman 4.300, lo que representa el 5,5% de los 78.000 efectivos de tropa y marinería profesional de que dispone España, según datos del Ministerio de Defensa.

Desde que las Fuerzas Armadas españolas abrieron las puertas a los extranjeros, en noviembre de 2002, su presencia no ha parado de crecer. Inicialmente se fijó un porcentaje máximo del 2%, que en diciembre del 2004 se elevó hasta el 7%. Este cupo, fijado para un periodo de tres años, debe revisarse en diciembre próximo y, en un documento remitido al Congreso, el Ministerio de Defensa ya anuncia que "está previsto aumentarlo hasta el 9%". Teniendo en cuenta que la última plantilla de soldados y marineros alcanza los 85.000, el nuevo cupo equivale a 7.650 extranjeros. El equivalente a dos brigadas al completo.

Fuentes del Ministerio de Defensa explican que el porcentaje elegido no es casual: "El 7% era el porcentaje de extranjeros sobre la población española que había en 2004, y el 9% es el porcentaje actual, según los datos del Instituto Nacional de Estadística. Se trata de que las Fuerzas Armadas sean un reflejo de la sociedad".

El argumento tiene un punto débil: el 9% al que se refiere el INE engloba a todos los extranjeros que residen en España, pero las Fuerzas Armadas sólo admiten a los nacionales de países "con especiales vínculos históricos, culturales y lingüísticos" con España, es decir, a los hispanoamericanos y originarios de Guinea Ecuatorial.

Prohibido a los marroquíes

Los marroquíes, que representan la primera colonia extranjera en España, no pueden alistarse en el Ejército. En cambio, los inmigrantes ecuatorianos y colombianos, que suman más del 80% de los inmigrantes incorporados a filas, suponen menos del 18% del conjunto de extranjeros residentes en España.

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Lo que es innegable es que el Ejército español está mudando de piel. Aunque el contrato que se ofrece a los extranjeros dura un máximo de tres años y es muy restrictivo en cuanto a los destinos que pueden ocupar y los empleos a los que pueden ascender, muchos de ellos obtienen la nacionalidad española estando en el Ejército y se quedan luego en servicio. A partir de ahí se convierten en militares como los demás.

No hay datos oficiales sobre cuántos son los soldados nacionalizados, pero son los suficientes como para que uno de ellos, Jorge Arnaldo Hernández Seminario, nacido en Perú, se convirtiera en julio del año pasado en el primer militar español muerto por una acción hostil en Afganistán.

Fue precisamente esta muerte la que llevó al Ministerio de Defensa a plantearse una modificación urgente del decreto ley sobre indemnizaciones aprobado en noviembre de 2004.

En virtud de una enmienda planteada por el Grupo Socialista, aceptada por unanimidad en la Comisión de Defensa del Congreso, los beneficiarios de las indemnizaciones -de hasta 140.000 euros en caso de fallecimiento y 390.000 por gran invalidez- ya no serán sólo "los militares españoles" que participen en operaciones en el exterior, sino todos "los miembros de las Fuerzas Armadas españolas"; con esta fórmula se incluye a los extranjeros.

Aunque Hernández Seminario ya tenía la nacionalidad española cuando la explosión de una mina le quitó la vida, no sucede lo mismo con casi un 20% de los efectivos de tropa en unidades como la Legión o la Brigada Paracaidista, que son precisamente las que con mayor frecuencia acuden a zonas de conflicto como las misiones enviadas a Líbano o Afganistán.

Sobre la firma

Miguel González

Responsable de la información sobre diplomacia y política de defensa, Casa del Rey y Vox en EL PAÍS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1982. Trabajó también en El Noticiero Universal, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña. Experto en aprender.

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