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Reportaje:

Las posibilidades de un eunuco

Jason Goodwin publica 'El árbol de los jenízaros', 'thriller' histórico sobre un turco castrado que ha cautivado a la crítica internacional

Yashim, alias Lala, "el guardián", una especie de cruce entre mayordomo, ama de llaves, niñera y jefe de seguridad al servicio de la corte otomana, es el protagonista de El árbol de los jenízaros (Seix Barral), del británico Jason Goodwin, un thriller histórico que ha despertado enorme entusiasmo entre la crítica internacional. La originalidad del personaje, que se mueve en la convulsa y cambiante Estambul de los años treinta del siglo XIX, radica en que es un eunuco, un hombre castrado. El morbo que provoca en el lector su estado, su libre acceso al harén del sultán Mahmut II y su vida sentimental se suman a una intriga muy lograda y una extraordinaria ambientación histórica a la que no es ajena la formación académica de Goodwin, que estudió historia bizantina en la Universidad de Cambridge y es autor del ensayo Los señores del horizonte: una historia del Imperio Otomano (Alianza).

La condición de castrado de Yashin insufla en la novela tensión y misterio sexual

La novela, llena de datos interesantes (por ejemplo que el sultán Osmán fue ejecutado en 1618 comprimiéndole los testículos, que ya es daño) y provista de un sutil sentido del humor, reivindica la denostada figura del eunuco y también la del "feroz" turco. "Me interesaba la figura de ese otro que es el turco, normalizarla y romper con los arquetipos y clichés que ha forjado la tradición occidental, lo del enfermo de Europa, las atrocidades, la crueldad, el erotismo", explica Jason Goodwin, un hombre joven y atractivo con una contagiosa sonrisa. "He estudiado mucho la atmósfera, el detalle, y he depurado mucha información para que el lector se sienta físicamente en la Estambul de la época -que es el verdadero personaje central del libro-, aunque sin caer en el error de convertir mi narración en un ensayo".

En la novela es patente la fascinación que ejercen sobre su autor los orgullosos jenízaros, la élite del Ejército turco, caídos en desgracia y eliminados poco antes de las fechas del relato en una verdadera noche de los cuchillos largos en versión alfanje y turbante. De hecho, la intriga se centra en una serie de macabros asesinatos en el marco de una venganza por el aplastamiento por parte del sultán de los jenízaros como fuerza militar. "Eran un tremendo instrumento bélico, y fue gracias a ellos que los sultanes conquistaron su imperio, pero se convirtieron en un elemento de inestabilidad interna".

Sobre el harén imperial, en el palacio de Topkapi, Goodwin advierte contra la romántica imagen de exotismo, lánguida depravación y vicio que esa institución ha dibujado en la imaginación occidental. "Era simplemente una máquina de fabricar sultanes", dice, y añade con un guiño: "Aunque sin duda muy bien lubricada".

La condición de eunuco de Yashim insufla tensión y misterio sexual en la novela. "Ésa es la idea, se van revelando progresivamente detalles del personaje, físicos y emocionales". La aristócrata rusa que tiene una aventura con él no parece descontenta, ¿eh? "Así es". Yashim no ha perdido todos sus poderes, no es, por decirlo à la Musil, un hombre carente completamente de atributos. "No, le han cortado los testículos pero lo demás sigue ahí. Es un caso diferente de los eunucos totales, los célebres eunucos negros del harén, a los que se castraba completamente de un solo golpe de hoja y que llevaban escondido en un pliegue del turbante un tubito de plata para orinar. En todo caso, los eunucos, unos y otros, ofrecían diferentes posibilidades sexuales, algunas incluso mejor para las señoras que las digamos convencionales". La historia completa de Yashim, cómo llegó a ser eunuco y de qué manera exacta se las arregla con el sexo, es algo que su creador irá desarrollando en nuevas novelas sobre el personaje. La próxima, La serpiente de piedra, se publicará en inglés este verano. En ella aparece el médico que compartieron lord Byron y el sultán turco. "Me encantan esas coincidencias, el lado de azar, de serependity, de la historia". Un interés añadido del personaje de Yashim es su interés por la cocina, en el que sublima sus limitaciones sexuales y que permite a Goodwin mostrar su conocimiento de la vida cotidiana turca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de abril de 2007