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Reportaje:

El puente más alto de Europa

Las obras de una infraestructura esencial para Cádiz comenzarán en abril

A la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, le gusta presumir de puente. "Será más alto, más ancho y más largo que el que diseñó el PP", suele decir cada vez que pasa por Cádiz. Se refiere al Puente de la Pepa, como ella misma ha bautizado esta infraestructura, que se convertirá en el tercer acceso a la capital gaditana, una ciudad rodeada de mar y, hasta ahora, sólo conectada por una autovía, que la une a San Fernando, y otro puente, el José León de Carranza, que le da acceso a Puerto Real. El proyecto, que comenzará a construir Dragados en abril, es la obra más esperada en la comarca, en la que confían muchos para poner freno al aislamiento y al caos circulatorio en las dos vías de acceso.

El arquitecto vaticina que el puente soportará un tráfico medio de 100.000 vehículos al día

El déficit de comunicaciones se nota estos días más que nunca en Cádiz. El vetusto puente José León de Carranza se está sometiendo a obras de mejora para construir un carril reversible que palíe, en parte, los continuos atascos en horas punta. Pero mientras duren los trabajos las retenciones se agravan. Fue en 1928 cuando se puso sobre la mesa por primera vez la necesidad de un puente que cruzara la bahía gaditana y sirviera de alternativa a la carretera de San Fernando. Hubo que esperar a 1969 para que ese primer puente fuera una realidad. 41 años. Es el mismo tiempo que la ciudad va a tardar en contar con un segundo puente, a pesar de que ya en los primeros años setenta se comprobó que la primera infraestructura se había quedado pequeña.

La paternidad del segundo puente de Cádiz tiene muchos aspirantes. En 1994 el entonces ministro socialista de Obras Públicas, Josep Borrell, presentó la primera maqueta. El Gobierno del PP, alentado por la alcaldesa popular Teófila Martínez, promocionó su impulso, pero ha habido que esperar al regreso del PSOE al Ejecutivo para que el proyecto se haya adjudicado y se prevea la colocación de la primera piedra en algo más de un mes.

Por eso la ministra de Fomento presume de puente. Para tratar de paliar la insistente publicidad municipal del PP, que se atribuye los méritos. "Es más largo, más ancho y más alto", insiste siempre. Y lo argumenta con números. Tendrá 3.157 metros de longitud (un 37% más que el que diseñó el anterior Gobierno), una altura máxima de 180 metros, como si fuera un edificio de 60 plantas, un gálibo (espacio para que pasen los barcos) de 69 metros y dos calzadas con tres carriles para cada una. Será, según el ministerio, el puente de mayores dimensiones de España y el más alto de Europa.

El arquitecto responsable, Javier Manterola, vaticina que su puente podrá soportar una intensidad media de 100.000 vehículos al día. "No hay coches en Cádiz para colapsar este puente", ha llegado a decir. Ecologistas y asociaciones conservacionistas critican este proyecto porque creen que contribuirá al uso del coche privado y porque auguran un colapso dentro de la ciudad. Aseguran que sólo servirá para introducir más vehículos donde no hay plazas de aparcamiento ni sitio para todos.

Son las únicas voces que públicamente se oponen al segundo puente. La mayoría de la población reconoce la necesidad de una infraestructura que impida, como ocurrió en la reciente crisis de astilleros, que dos manifestaciones aíslen completamente la ciudad.

Una pata del puente irá en la barriada de astilleros de Cádiz. La otra, en el río de San Pedro en Puerto Real. Si todo sale bien, el primer coche cruzará el Puente de la Pepa en 2010.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de febrero de 2007