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Necrológica:

Félix Lévitan, el organizador que llevó el Tour a los Campos Elíseos

Transformó la carrera ciclista francesa en un gigante económico

Félix Lévitan (París, 1911), periodista y organizador del Tour, falleció el 18 de febrero a los 95 años en la localidad francesa de Cannes.

El paso del tiempo, su caída en desgracia, su conversión en un anciano apacible y educado, redondeó las aristas del personaje, de Félix Lévitan, patrón que llevó con mano de hierro el Tour desde la posguerra hasta 1987, pero su muerte el pasado domingo en Cannes, a los 95 años, ha despertado en quienes no tuvieron más remedio que tratar con él recuerdos próximos al despotismo.

Viejos directores recuerdan los años en que la falta de hoteles en los Pirineos significaba imperativamente que todos los equipos acabaran compartiendo barracones escolares sembrados de literas, con cámaras separadas por mantas colgadas; o el menú diario, obligatoriamente suministrado por la organización: arroz blanco y pollo cocido que se endurecía inevitablemente en los bolsillos de los corredores. Todo ello, organizaciones Lévitan. Tan suyas como los arrebatos de cólera que le despertaban las tímidas protestas de los ciclistas de entonces, un año liderados por un jovencísimo Bernard Hinault, contra su draconiano régimen de vida, incluidas épocas, cuando la moda de las etapas por sectores, en que se debían levantar a las seis de la mañana y no podían tumbarse en las literas hasta las once de la noche.

La carrera ciclista francesa fue durante los años en que se convirtió en un gigante económico el tercer acontecimiento deportivo mundial tras los Juegos Olímpicos y los Mundiales de fútbol, en competición legendaria, un asunto de dos personas, Jacques Goddet, periodista de L'Équipe, y Félix Lévitan, periodista del Parisien Libéré. Mientras Goddet, de pluma elevada, atendía a los asuntos más puramente deportivos, a las relaciones con los corredores y los equipos, Lévitan, más pragmático, fue la fuerza que dirigió la transformación económica.

El Tour, durante el apogeo en la dirección conjunta de Lévitan y Goddet, especialmente desde 1962 hasta 1987, dejó de ser el acontecimiento organizado simplemente para vender más periódicos en julio, mes bajo, para convertirse en una poderosa máquina de hacer dinero.

Lévitan, hombre de intuiciones poderosas, dio más importancia a la caravana publicitaria, aumentó la tarifa para las ciudades que quisieran recibir la carrera, acabó con el sistema de selecciones nacionales y dio entrada a los equipos con maillots publicitarios, menos románticos, quizás, pero más lucrativos. En 1975, de su cabeza, nacido en París el 12 de octubre de 1911, salieron dos ideas sin las cuales dos de las imágenes más evocadoras de lo que es el Tour no podrían darse: la creación del maillot de lunares rojos para distinguir al rey de la montaña -no, Bahamontes, nuestro rey eterno, nunca vistió de lunares: sus reinados fueron anteriores- y la decisión de que la última etapa del Tour terminara siempre en los Campos Elíseos. Antes de 1975, hasta 1967, el Tour terminaba siempre en el velódromo del Parque de los Príncipes. Tras la demolición de su pista de madera, la organización llevó el final al bucólico pero solitario velódromo de La Cipale, en el bosque de Vincennes -escenario que se puede, casi en exclusiva, ligar a las cinco victorias de Eddy Merckx y a la de Luis Ocaña en 1973-, hasta que en 1975, un sprint victorioso de Walter Godefroot y un podio con Bernard Thévenet, unió para siempre la hermosa avenida parisiense con el ciclismo.

Bajo su égida, el Tour enfermó de gigantismo, y fue precisamente sus ansias expansionistas las que acabaron con su poder. Las pérdidas provocadas en la empresa Amaury -el editor dueño de L'Équipe, Le Parisien y del Tour- por su fracasado intento de Tour de Estados Unidos fueron el argumento fundamental de su poco elegante despido. Un día de primavera de 1987, Lévitan llegó a su oficina como todos los días, pero no pudo entrar: le habían cambiado las cerraduras sin avisarle.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de febrero de 2007