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COLUMNA

Dibujar viendo la televisión

Ya está Madrid revolucionado con la nueva edición de Arco. Ya se siente el revuelo de comisarios, críticos y marchantes, que ésos sí que tienen arte, como decía ayer El Roto, artista que expone aquí todos los días. Y Arco con nueva dirección. Y Arco con nuevo trazado interiorista. Y Arco con Corea, con su mitad sureña. Y Arco con falsos mendigos y auténticos millonarios. Y viceversa. Lo que es el arte. Arco Iris Sport Club, Juana de Arco, Tiro con Arco, La inserción del psiquismo en el arco sensoriomotor, Arco Bodegas Unidas, Grupo Arco (alquiler y venta de andamios y todo tipo de máquinas para la construcción, el hogar y el jardín): es lo que dice Google. La enciclopedia post-posmoderna. El enciclopedismo de post-it. Nuestra era.

Ante esa posibilidad de la felicidad, pienso que quizá sus dibujos de cien euros lleguen algún día al Arco del Triunfo

Este año, el gran protagonista, dicen, en la feria de muestras y de vanidades es Damien Hirst, principal representante del llamado brit art, joya o bisutería de la Corona inglesa. Que no baratija: en seis millones de euros está valorada una de sus macropiezas, El señor los creó a todos, y en cuatro (millones de euros) está en venta La historia del dolor. No es para menos, suponiendo que el britartist haya conseguido contar historia tan ingente. Total, para que, haciendo honor a su título, la compre un Saatchi cualquiera y acabe ardiendo en un macrocontenedor. Que así es la vida y no otra cosa es el arte. Nuestra era.

En la edición digital de EL PAÍS se encuentra la siguiente encuesta: "A la vista de las obras expuestas en ferias de arte contemporáneo como Arco: ¿Qué sentimiento o pensamiento inmediato te sugieren?". Opciones de respuesta: "No entiendo nada: esto no es arte". "Lo entiendo, pero es arte frío y críptico". "No me emociona como otras expresiones (cine, música, literatura...)". "Disfruto: estos artistas reflejan el mundo en que vivo".

Lo que peor llevo de la encuesta digital de nuestra era es que no permite la posibilidad, en su caso, de marcar todas las respuestas. Es en asuntos como éste donde se demuestra la incontestable superioridad del lápiz y el papel, con los que podrías poner cuatro equis y quedarte tan ancha. Resulta poco ortodoxo, no lo voy a negar, pero, ¿cuándo la verdad lo es? El caso es que, pensándolo bien, la encuesta en sí sobre Arco parece una obra de arte conceptual. Podría serlo: imagino ese texto en Ifema, dejando a propios y extraños boquiabiertos de admiración mientras pasa una y otra vez en un gigantesco rótulo digital con letras rojas, modelo subtítulo de Filmoteca. Una pieza rollo Barbara Kruger o Jenny Holzer, pero más actual, claro, revisitadas, pasadas por The Black Box.

A mí me gusta, no sé si me entienden, y quizá me haya convertido en creadora y máxima representante del span art (denominación derivada de un juego entre las palabras -en inglés, of course- spanish y spam; interesante, ¿eh?). Agradezco la inspiración a EL PAÍS digital, donde comisarios, críticos y marchantes pueden pedir razón de mí, pero dejo aquí mismo constancia de que la idea me pertenece, o sea, de que la artista soy yo.

Bien. Hace unos días, imbuida de este espíritu preferial, me pasé por Mad is Mad, una pequeña galería en la calle Pelayo concebida por sus propietarios como "un espacio para la creación contemporánea, caracterizado por la pluralidad de conceptos y formatos, y los precios asequibles". Por Mad is Mad han pasado artistas como Isabel Muñoz, Úrculo, Ballester o, actualmente, con una serie de retratos ciertamente modiglianescos, el pintor y diseñador gráfico Óscar Mariné.

Pero lo que me atraía era la presentación de la obra de tres jóvenes mujeres, Natalia Pintado, Cristina Busto y Lidia Toga, junto con las que expone el italiano Fausto Grossi. La ficha de la galería asegura, acerca de los dibujos de Lidia Toga, que "enlazan lo mismo con el cartoon (ilustraciones emotivas y populares) que con las distorsiones y fugas psicológicas del expresionismo alemán". Pero sobre su proceso de creación la artista explica: "Me siento en el sofá y dibujo viendo la tele". Nuestra era.

Viendo la tele, precisamente, realizó el vídeo titulado En un momento, una micrograbación de factura casera (rollo paliza a mendigo pero sin Mal) que alterna la imagen en pantalla, distorsionada por la cámara, de Fred Astaire y Ginger Rogers bailando con el vuelo sobre el cielo de Lavapiés de una bandada de vencejos vista a través de la ventana. Y ante esa posibilidad real de la felicidad, cogida al vuelo, pienso que quizá los inquietantes y divertidos personajes de sus dibujos de ciento y pico euros lleguen algún día al Arco del Triunfo. ¿Seguirán siendo entonces felices como vencejos, pájaro en mano?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de febrero de 2007