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'Cajales' con futuro

Los cajales, esos jóvenes y prometedores cerebros españoles que se ha querido rescatar del extranjero a través del programa Ramón y Cajal, se han quejado justamente, desde que en 2001 nació la iniciativa, que su futuro en España es muy negro (por desgracia, también para sus colegas de aquí) una vez cumplido el contrato estipulado de cinco años.

Los datos así lo evidencian. Casi la mitad de los 774 investigadores de la primera promoción del programa tenían a finales de 2006 una situación laboral muy inestable. Todo eso motivó que 800 jóvenes científicos españoles trabajando en centros universitarios extranjeros firmaran el pasado diciembre un manifiesto exigiendo reformas para regresar al país. Cundió el desánimo y se extendió la idea de que en esas condiciones, por acertado y voluntarista que sea el programa, es mejor quedarse en EE UU, Reino Unido, Francia o Alemania.

Las sombrías perspectivas tal vez cambien con la pequeña, pero significativa, reforma que se va a hacer a la vigente Ley de la Ciencia, que permite de algún modo introducir por primera vez en España la figura del investigador permanente en las universidades públicas y las agencias estatales de investigación. La reforma pretende sobre todo garantizar la estabilidad de los llamados cajales. Estos científicos podrán ser contratados de manera indefinida atendiendo a sus méritos tanto dentro como fuera de España. Es una medida positiva que va en la dirección correcta, pero que comportará también mayor financiación. Con ello quizá se subsanen los puntos más débiles del programa Ramón y Cajal. Investigar en este país continúa siendo un dolor. Faltan científicos. Y es una vergüenza perder a los que salen y triunfan fuera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 14 de febrero de 2007.

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