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Reportaje:

Ángeles con caras limpias

Las pinturas renacentistas redescubiertas en la seo de Valencia se mostrarán esta semana al público de forma indefinida

Se sabía que estaban ahí, ocultos tras la bóveda barroca del altar mayor de la catedral de Valencia. Pero se desconocía el estado de los 12 ángeles músicos que mandó pintar en 1472 el entonces cardenal Roderic de Borja, futuro papa Alexandre VI. Los querubines renacentistas, de expresión gozosa nada atribulada ni sacrificada, se conservaban bastante bien. Lo suficiente para provocar la admiración de los pocos privilegiados que pudieron observarlos por los agujeros practicados en la bóveda. Eran magníficos.

A partir de esta semana, los frescos que pintaron Paolo da San Leocadio y Francesco Pagano estarán a la vista de todo el mundo. Hoy, quien se acerque a la catedral ya puede columbrar la belleza de los ángeles entre los andamios instalados para la restauración que se están retirando.

Aún se desconoce la ubicación de la bóveda barroca retirada para hacer visibles los frescos

La Consejería de Cultura anunció el pasado lunes lo que era un secreto a voces: que los ángeles permanecerán visibles. La iglesia asintió. El cabildo catedralicio siempre se mostró proclive a tomar esta decisión que supone mantener desmontada la también apreciada bóveda barroca, diseñada por Pérez Castiel e incorporada en 1674, hasta encontrarle una nueva ubicación. Una decisión no exenta de polémica.

Los ángeles mostraran así sus refinados rasgos, tan sólo violentados por el soplo de las trompetas o el rasgado del arpa. Los instrumentos musicales, algunos apenas conocidos como la viola de mano, han sido reconstruidos por luthiers siguiendo los detalles que proporcionan los frescos. Con ellos se interpretó el Cant de la sibila hace unos meses.

Ahora, los ángeles tocan en las antiguas plementarías retiradas de la bóveda, de la que sólo quedan los nervios. El resultado es una combinación de pinturas renacentistas enmarcadas por elementos barrocos.

En cualquier caso, se pueden apreciar los murales, de notable perfección formal e importancia histórico-artística. Suponen la "introducción de la pintura del Renacimiento a la península ibérica", según el catedrático de Historia del Arte y especialista en ese periodo histórico, Ximo Company.

Paolo da San Leocadio (1447-1520) llegó a Valencia con la lección bien aprendida de su Ferrara natal. Durante nueve años pintó los frescos sobre el altar de la catedral de Valencia, con ayuda de Francesco Pagano. Fue su mejor trabajo, de un gran virtuosismo técnico, dicen los expertos. San Leocadio triunfó en España (tiene obra en el Prado o el San Pío V), si bien ha sido ignorado por los especialistas. A la luz del hallazgo, se revisa su obra.

El primer contacto con las pinturas se produjo en 2004 durante la restauración del ábside, dirigida por la hoy directora del Instituto de Restauración, Carmen Pérez. El objetivo inicial era eliminar la pintura gris que cubría la ornamentación barroca. Un agujero en el que se escondían palomas llevó a una falsa bóveda apoyada sobre los nervios de la antigua, lo que habilitaba una cámara de aire de 80 centímetros de anchura. Este espacio ha contribuido a conservar las pinturas. Pérez Castiel sabía lo que hacía con las pinturas entonces ennegrecidas por el humo de las velas.

Al contrario que el último paleta que cerró la bóveda barroca en el siglo XVII, por lo visto no muy sensible al arte renacentista. Dejó su huella a modo de graffitis y dibujos obscenos de formas fálicas que trazó en algunas partes de los frescos del siglo XV. Probablemente lo hizo con una piqueta. La restauración he eliminado esa gamberrada histórica de las pinturas, el "primer ejemplo de la pintura humanista en Roma", según el director del Instituto Histórico Italiano del Medievo, Massimo Miglio.

Son numerosos los especialistas e historiadores del arte que han visitado las pinturas. Todos han destacado su valía y han apostado por su visibilidad. También el arquitecto de la Generalitat y director de la rehabilitación de la catedral, Julián Esteban Chapapría dijo sentirse "asombrado y emocionado" al verlas. Pero defendió la conservación de la bóveda barroca en su sitio, restaurando los frescos desde dentro, para evitar también su desmontaje "irreversible". La mayoría de arquitectos se han manifestado en el mismo sentido.

Pero la decisión ya es oficial y firme. El consejero de Cultura, Alejandro Font de Mora, esperó a las conclusiones favorables del reciente simposio internacional sobre las pinturas para anunciar que los ángeles, restaurados e iluminados, con las caras limpias, estarán a la vista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de febrero de 2007