Crítica:Crítica
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Cambios frenéticos

En este libro sucinto de análisis sociológicos, dividido en tres partes, el ensayista Gilles Lipovetsky dialoga con el filósofo Sébastien Charles sobre esta época hipermoderna donde todo ocurre y transcurre mucho más deprisa de lo que resulta factible controlar.

LOS TIEMPOS HIPERMODERNOS

G. Lipovetsky y S. Charles

Traducción de Antonio-Prometeo Moya

Anagrama. Barcelona, 2006

138 páginas. 14,50 euros

Desaparecida la preeminencia de los grandes relatos y difuminada la sensación de transitoriedad de una era incómoda, pareciera que el futuro se comienza a apreciar no ya con optimismo, pero al menos vislumbrando en él ciertas facultades lenitivas, que no obstante han dejado paso a una dispersión de conductas en forma de micro-intervenciones que manifiestan la actual fragilidad de la persona. Gilles Lipovetsky no regresa como el gallo premonitorio de sus anteriores y punzantes radiografías sobre los movimientos evasivos afines a la condición posmoderna, como la anatomía del consumo y del esteticismo fútil de El imperio de lo efímero, o las facetas ocultas de una ética indolora y la instauración de la lógica de las conciencias apaciguadas de El crepúsculo del deber.

En este breviario vuelve a repetir frugalmente la fórmula del minimalismo reflexivo de El lujo eterno, que de no ser porque quedan rastros de su efervescente jaculatoria al saber se podría pensar que Lipovetsky ha encallado en la misma orilla lúdica que analiza. Es un libro sucinto, una especie de resumido noticiero sociológico dividido en tres partes, en donde vuelve a buscarse otro escudero con quien interactuar, en este caso el profesor de filosofía canadiense Sébastien Charles, que introduce un estudio sintético del pensamiento de Lipovetsky y una entrevista casi mayéutica con el filósofo. La intervención de Lipovetsky, Tiempo contra tiempo o la sociedad hipermoderna, hace un repaso del salto de la emancipación del individuo (pos) a la incertidumbre del futuro (hiper). El autor sentencia que la época posmoderna, ya anticuada, ha acabado y que estamos ante el inicio de la hipermodernidad. El exceso y la incontinencia serán ejes dominantes. Desde ahora hay que ir a más. Todo va más deprisa de lo que es factible controlar. La época hipermoderna es un indeterminado vaivén entre polos opuestos. Lo insustancial se codea con lo austero, la permisividad con la contención. Si lo posmoderno implicaba la emancipación del individuo de un destino impuesto para acometer una realización identitaria, en el hipermodernismo el hombre es reencarnación de un Narciso inmaduro, desorientado y atormentado por el ennui (hastío), la saturación de opciones y el hundimiento de las reglas.

La brevedad de la entrega no empaña que Lipovetsky haya leído y digerido las premisas de Tocqueville, Marx, Sausure, Lyotard, Baudrillard, Deleuze o Daniel Bell. Su incuestionable trayectoria le ha permitido construir un lúcido sistema de decodificación que asume el individualismo y las complejas mutaciones culturales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 26 de enero de 2007.

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