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Reportaje:

Un 'positivo' con justificación terapéutica

La Agencia Francesa considera dopaje el medicamento contra el asma que Pereiro tomó en el Tour con el permiso de la UCI

En dos controles antidopaje del pasado Tour, el laboratorio de París encontró restos de salbutamol en la orina de Óscar Pereiro en cantidades de 158 y 159 nanogramos por mililitro. Según la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), cuyo Código es la norma primera y última en el dopaje, el uso de salbutamol -comercialmente, Ventolín, medicamento contra el asma- está permitido siempre que la cantidad no sobrepase los 1.000 nanogramos por mililitro y el deportista cuente con una Autorización de Uso Terapéutico (AUT) emitida por su federación internacional y aprobada por un consejo médico de la AMA.

A pesar de que Pereiro cumple con ambas condiciones -la cantidad detectada es muy inferior a 1.000 y desde hace tres años cuenta con informes de un hospital de Vigo que la Unión Ciclista Internacional (UCI) considera suficientes para concederle las AUT-, la Agencia Francesa Antidopaje, que sólo tiene autoridad en Francia, considera que, dado que ni la UCI ni el corredor le han enviado los informes médicos que la justificaban, su AUT no tiene validez y, por tanto, según informó ayer el diario Le Monde en su página web, ha dado positivo. El organismo, que estudiará su caso el día 25, podría sancionar a Pereiro, segundo en el Tour a la espera de que el ganador, el estadounidense Floyd Landis, sea sancionado por un positivo de testosterona, con una suspensión que sólo tendría validez en Francia, lo que le privaría de correr el próximo Tour. En la misma situación que el gallego se encuentran otros cinco corredores, siempre según Le Monde, dos de ellos franceses, cuyos nombres no han sido filtrados.

"Estoy fastidiado, pero no perderé el buen humor. Todo está a mi favor. Las pruebas están ahí"

Una situación muy parecida sufrió en 1994 Miguel Indurain, asmático reconocido, a quien el Consejo francés contra el dopaje intentó sancionar tras la detección de salbutamol en su orina durante una carrera menor, el Tour de l'Oise. Finalmente, el navarro no fue sancionado y pudo ganar el Tour de ese año, su cuarto.

Mientras los responsables de su equipo, el Caisse d'Épargne, admiten que hubo falta de diligencia por parte del ciclista para responder a los requerimientos franceses, Pereiro dijo ayer -incluso dio una conferencia de prensa a las once de la noche en Vigo acompañado por su médico alergólogo personal, Luis Arenas- que no había remitido en su momento los documentos solicitados por la Agencia francesa porque estaba de vacaciones en octubre y noviembre, cuando le enviaron cartas solicitándolo, pero que había respondido este mes y que todo está en regla, los papeles en camino, y que no cree que pase nada.

"Habré pasado unos diez controles en el Tour", concretó; "y en todos llevaba mi cartilla de salud, en la que está escrito bien claro que tengo autorización para el uso del Ventolín y que lo inhalo cuando lo veo necesario. En el último Tour, precisamente, lo utilicé todos los días y sólo apareció en dos etapas De hecho, la UCI ha aceptado todo y no hay ningún problema. Espero que pidan perdon los que tenga que hacerlo. Yo estoy fastidiado, pero no voy a perder el buen humor. Todo está a mi favor. Las pruebas están ahí".

Un portavoz de la UCI confirmó este extremo y precisó que ya informó al organismo francés en su momento de que todos los corredores a los que quería implicar contaban con la AUT correspondiente. De hecho, la UCI no abrió ningún expediente sancionador. "Para la UCI, no hay caso Pereiro", declaró un portavoz. Lo mismo afirmó, para España, Rafael Blanco, el presidente de la Comisión Nacional Antidopaje, mientras Christian Prudhomme, director del Tour, confía en que todo sea un problema administrativo.

La Agencia francesa, sin embargo, reprocha a la federación internacional que no le envíe más que justificantes administrativos, no los informes médicos que justifiquen la emisión de la AUT. Pero a ello no está obligada. Ni tampoco el corredor, que, dado que es extranjero en Francia y participa en pruebas internacionales, sólo debe, según el Código Mundial, mantener relaciones sobre las AUT con su federación internacional correspondiente. El Código sólo concede a la comisión especializada de la AMA el poder de revisar si las autorizaciones de uso terapéuticas de sustancias prohibidas emitidas por las federaciones internacionales se ajustan al Estándar Internacional, es decir, si se justifican a la luz de los informes aportados por los deportistas o son una forma encubierta de autorizar el dopaje. Ningún otro organismo tiene derecho.

El caso saca a la luz un conflicto de competencias entre la AMA y las federaciones internacionales, por un lado, y, por otro, el organismo francés, que cuenta con sus propios criterios pese a que la Asamblea Legislativa Francesa aprobó la semana pasada la plena adhesión y vinculación de sus normas antidopaje a la Convención de la UNESCO que establece que el AMA y su Código son la máxima autoridad.

"Unos valores de 158 y 159 nanogramos reflejan un uso terapéutico normal, no dopante", explica Juan Manuel Alonso, director de la Comisión Antidopaje de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), quien ya ha vivido conflictos semejantes con las autoridades francesas. "Recuerdo el caso del gran triplista británico Jonathan Edwards", dice Alonso, "que contaba con una autorización terapéutica de la IAAF y a quien los franceses quisieron sancionar en 2003, el año de los Mundiales de París, competición en la que también quisieron implicar a más atletas autorizados. Al final, no prosperó".

El Código Mundial Antidopaje contempla en su artículo 4.4 las autorizaciones terapéuticas y ha elaborado para regular su empleo un estándar internacional que rige para todas las federaciones. Finalmente, señala: "La presencia de una sustancia prohibida consistente con las provisiones de una exención de uso terapéutico aplicable no será considerada una violación de las reglas antidopaje". Y Pereiro cuenta con una AUT emitida por la autoridad correspondiente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de enero de 2007