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Reportaje:

A la carrera para evitar el linchamiento

La Guardia Civil trasladó de pueblo en pueblo a los vecinos atacados en Villaconejos

Agustín Vilches es un jubilado enjuto al que le cuesta hablar. "Es que tengo problemas respiratorios y necesito oxígeno", se disculpa. Vilches es una de las cuatro personas que el pasado domingo fue rescatada de una casa en llamas en Villaconejos. El fuego lo provocó la ira de un pueblo harto de aguantar los abusos de su yerno, Javier Bernuy. Más tranquilo, Vilches afirma sin mucha convicción que se encuentra bien. "No hemos podido rescatar nada de la casa. Está todo calcinado. Después de irnos de aquí ayer [el lunes] robaron lo poco que nos quedó en los cajones del armario: las cuatro tonterías que tenía mi hija", asegura.

Según relata, su esposa de 73 años, su cuñada de 78 y su hija, embarazada de cuatro meses, veían la televisión después de comer. "En esos momentos se produjo el asalto. Sobre las cuatro y media o cinco se lio del todo. Comenzaron a tirar cohetes, a lanzar piedras y a destrozarlo todo. Si no es por la Guardia Civil, que nos rescató y nos condujo por el campo...", asegura dejando la frase inconclusa, trasluciendo un final fatal.

"Desde ahí nos llevaron en nuestro coche a Ciempozuelos. Un guardia lo conducía. Pero nos seguían, al menos, tres coches de vecinos del pueblo. Por eso, la Guardia Civil nos trasladó a Pinto, y como continuaban persiguiéndonos, nos metieron en el cuartel grande de Valdemoro", relata.

Allí, según su testimonio, los agentes tomaron declaración a su hija. "Pasadas las 11 de la noche, nos dijeron que nos podíamos ir. Fuimos a casa de otra hija en Madrid". Ayer, decidieron dormir en casa de su nieta.

No se irán

Vilches posee otra casa junto a la que calcinaron los vecinos de Villaconejos. "En los 11 años que llevo viviendo aquí no he tenido problemas con nadie, ni le debo nada a nadie. Como no me gustan los bares, ya que estoy enfermo, voy por la mañana a comprar mi pan y lo que me hace falta y me vengo para casa. Con la gente: 'Hola, hola, y ya está'. Una cosa es que tengan algo contra El Javi -su yerno, Javier Bernuy- y otra que hicieran lo que hicieron. Venían con gasolina preparados. Sabían que El Javi no estaba y venían con intenciones de achicharrarnos vivos", asegura el jubilado.

Según su relato, los vecinos quemaron la casa, dos coches, dos quads, dos motos y destrozaron una furgoneta. "No hemos podido recoger nada". El día de año nuevo volvió a las tres de la tarde. Llegó al lugar junto con su nieta, en un coche que no era el suyo. "La Guardia Civil nos dijo que estuviéramos uno o dos días fuera del pueblo para que se calmasen los ánimos". La nieta no pudo reprimir ayer las lágrimas cuando vio a uno de los perros de la casa muerto. El otro salió de debajo de la cama y mostraba su alegría.

Vilches no oculta que no se llevaba muy bien con su yerno. "Tenía noticias de que causaba problemas en el pueblo". El marido de su hija tenía antecedentes. "Hace dos semanas que había salido en libertad condicional de la cárcel. Primero estuvo en Soto de El Real, y de ahí le mandaron a Navalcarnero. Ha estado en la cárcel dos años y medio". Preguntado por el motivo del encarcelamiento, el jubilado deja la locuacidad a un lado y envuelve sus palabras de prudencia: "Eso no lo sé. Dicen que secuestró a una señora. No sabe si se vengará".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de enero de 2007