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Crítica:POESÍA

La sombra que nos salva

Un volumen traducido por el poeta y narrador mexicano Fabio Morábito reúne toda la poesía del italiano Eugenio Montale. La obra del premio Nobel de Literatura en 1975, que incluye títulos como Huesos de sepia, Las ocasiones o Diario póstumo, trata de reflejar la angustia del hombre abandonado en un mundo vacío de valores y de significados.

Si algo es indiscutible al trazar el mapa de la poesía del siglo XX, es que la figura central de Eugenio Montale (Génova, 1896-Milán, 1981) se identifica magistralmente con la imagen del poeta de su tiempo. La pregunta es si esa centralidad de su obra aún se mantiene hoy, a lo que habrá que responder que sin ninguna duda, pues como pone de manifiesto la lectura atenta de esta Poesía completa, esa centralidad no está destinada a cambiar, sino que adquiere una altura distinta, y quizás más duradera. Su poesía es capaz de romper cualquier molde cerrado, de rescatar la lección alegórica de la realidad y, sobre todo, de colocar la necesaria presencia o ausencia del significado como fuerza esencial de la escritura poética. Montale señala un camino posible en un mundo mecanizado y tecnológico, una vía de acceso a esa caótica posmodernidad en la que estamos inmersos. Más que el final de un recorrido, parece querer iluminar su inicio.

POESÍA COMPLETA

Eugenio Montale

Traducción, prólogo y notas

de Fabio Morábito

Galaxia Gutenberg/Círculo

de Lectores. Barcelona, 2006

1.113 páginas. 54 euros

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Su existencia vital es espejo fiel de una actitud poética atenta siempre a las señales de la conciencia, y así lo expresa en 1951 en Confesiones de escritores (Entrevistas consigo mismos), donde viene a decir de manera explícita: "El argumento de mi poesía (y creo que de toda poesía posible) es la condición humana considerada en sí misma; no este o aquel acontecimiento histórico. Esto no significa extrañarse de cuanto ocurre en el mundo; significa sólo conciencia y voluntad de no confundir lo esencial con lo transitorio". Una lección de dignidad, coherencia y compostura, de "decencia" como decía él mismo. Por eso ya desde Huesos de sepia, su escritura se muestra madura y original, marcando desde el inicio, drásticamente, cuáles son las posibilidades de la palabra poética: "No nos pidas la fórmula que mundos pueda abrirte, / sí alguna sílaba torcida y seca como una rama. / Sólo esto podemos hoy decirte: / lo que no somos, lo que no queremos".

Hay en Montale un sentimien

to discordante ante la realidad, esa esencia de la condición humana que en uno de sus más famosos poemas deja meridianamente expresada: "A menudo la pena de vivir he encontrado". Es la angustia del hombre abandonado en un mundo destituido de significado y valores. Por eso el poema es la búsqueda de un significado permanentemente fugaz y esquivo, de una verdad puntual, ocasional y milagrosa, no de una verdad general. Situaciones que tienen la precisión del instante, momentos de vida singulares e irrepetibles, objetos atrapados en su concreta materialidad. Es eso que se ha denominado "la poética del objeto", la emoción materializada en los objetos sensibles. Nada de analogías, juegos o sugestión, menos aún músicas evanescentes, lo que aquí se muestra es una sonoridad áspera. Frente al preciosismo lingüístico, opone un léxico que atiende todos los registros en un esfuerzo por definir cada situación singular, cada emoción particular, con un máximo de "adherencia" y tenacidad.

Como hace Fabio Morábito en su espléndido "Prólogo", hay que destacar "la palabra adherente, término clave en la poética de Montale, que justifica la poesía sólo en cuanto sea capaz de restituirnos los relieves, el molde exacto de una determinada situación vivida". Es posible así considerar esta Poesía completa como un "paisaje" a cierta distancia, como una cadena montañosa vista de lejos. Huesos de sepia (1920-1927), escabroso y marino, se coloca en medio de un altiplano, a media costa, en las cimas y bajuras, en los "mediodías y sombras" de un corazón destemplado y sostenido: "Mi vida es esta seca pendiente, / medio y no fin, vía abierta a escurrimientos, / lento deslave". En Las ocasiones (1928-1939) primero, y más tarde en La tormenta y algo más (1940-1954), el perfil poético crece, el tono sube y empuja, alcanzando la cima de una poesía que revela el secreto y el sentido de las cosas, luminosos instantes de una realidad las más de las veces gris y sin sentido: "La vida con algún fulgor / es la sola que vislumbras. / A ella te asomas desde / esta ventana que no se alumbra". El drama y el destino del hombre.

Desde Satura (1962-1970)

hasta Otros versos (1972-1980) y Diario póstumo (1969-1979), Montale desciende hacia una especie de decencia diaria y horizontalmente cotidiana. El tono y la dicción se hacen prosaicos y sentenciosos. Son diarios y cuadernos que reducen la vida casi a un acto privado donde a veces surgen intermitencias luminosas. Hay una vuelta sobre sí mismo, un descenso a los escombros y despojos que tachonan la alegoría vacía y apocalíptica de una existencia madura, lúcida y referencial: "Unos sugieren grandes mecanismos / que hacen que el todo se derrumbe sobre sí. / Mas tu no crees en esto: la dicha del delirio / no es algo que te atañe". Una vuelta de nuevo a los huesos secos del inicio. Una poesía dominada siempre por un timbre inconfundible, partícipe de todas las tendencias esenciales del siglo XX, que asume y supera, cambiando la idea misma de la poesía de su tiempo. Luces y sombras de una vida en la que "Si avanzas, acaso, / encuentres al fantasma que te salve".

Esta edición de la Poesía completa de Montale es, sin exageraciones, un acontecimiento decisivo. Es la primera vez que se recoge toda su obra poética en español, gracias al exhaustivo y admirable trabajo de Fabio Morábito, que nos propone una traducción meditada y segura, atenta a la dicción y al sentido tanto como a la música y al sonido de la letra del texto original. Aparte escasos momentos de discrepancia, esta versión está plegada a una claridad y amplitud sobresalientes: de un lado encontramos una forma personal de representación sintáctica y semántica, un orden rítmico preciso y concentrado, que trata de romper la distancia entre las cosas y las palabras que las representan; del otro, un esfuerzo decidido por alcanzar el sentido y la música esenciales de un misterio preciso de escritura. Quien se sumerja en estos poemas, alcanzará a ver los hilos certeros del tejido de la emoción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de diciembre de 2006

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