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Editorial:

Fusiones a todo trapo

Las empresas que quieren crecer deprisa y ganar rápidamente cuota de mercado suelen recurrir a las compras de empresas o a las fusiones, para aumentar su negocio, su tamaño y su independencia. Durante lo que va de año las operaciones de fusión han alcanzado en todo el mundo la cantidad récord de 2,4 billones de euros (3,1 billones de dólares). El mercado de adquisiciones ha superado ya el récord anterior, que no por casualidad se registró en el año 2000, en pleno auge de las llamadas empresas tecnológicas de Internet. Resulta significativa la presencia europea en este baile de megaoperaciones empresariales. El 47% del volumen total de fusiones se ha realizado en el viejo continente y en muchas ocasiones con iniciativas victoriosas de empresas europeas sobre otras estadounidenses o asiáticas.

Los analistas se han apresurado a destacar una diferencia fundamental entre el presente boom y el que terminó con el pinchazo de la burbuja tecnológica, que es la presencia activa en esta ocasión de las compañías de capital riesgo como incitadoras de la oleada de fusiones. La indicación es correcta y revela el dinamismo de este tipo de empresas, capaces de ofrecer rápidamente capital para adquirir compañías, obtener beneficios o fragmentarlas con ganancias crecientes y venderlas después con ventaja a otros accionistas. Los bancos y las instituciones financieras desempeñaban antes este papel, pero la prudencia creciente de las decisiones bancarias, para no someter a riesgos excesivos a sus clientes, ha hecho aparecer fórmulas más ágiles de intervención societaria. La explicación queda completa si se tienen en cuenta además factores tales como la abundancia de liquidez en los mercados financieros y la creciente presión competitiva que rodea a las grandes empresas, sujetas cada vez con mayor frecuencia a nuevos ajustes, reestructuraciones y cambios de modelo societario.

La necesidad de generar ganancias para ese exceso de liquidez con fórmulas más ágiles no es en sí misma incorrecta. Tampoco parece predecible hoy un pinchazo como el que acabó con la burbuja tecnológica. No obstante, los accionistas e inversores deberían estar atentos a los parámetros fundamentales de las empresas cotizadas, además de seguir el rastro de las cotizaciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de noviembre de 2006