Dos heridos leves en un atentado suicida contra las tropas españolas en Afganistán

Hallados restos humanos entre los amasijos del coche que estalló al paso de una patrulla

"No es como parece. Es mucho peor", reconocía ayer un mando militar español. La suerte, la probable precipitación del atacante y el blindaje del vehículo se aliaron ayer para que el primer atentado suicida contra las tropas españolas en Afganistán se saldara con sólo dos heridos leves, además de la muerte del propio terrorista. Pero tan escasos daños no dan idea de la gravedad de lo ocurrido. "Podía haber sido una escabechina", reconocían otras fuentes militares. Un coche estalló al paso de una columna militar española unos 120 kilómetros al sur de su base de Herat (Afganistán).

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El atentado se produjo pasadas las 13.30 (dos horas y media menos en Madrid), en las proximidades de la localidad de Shindand, una zona donde operan grupos talibanes y señores de la guerra. El convoy estaba formado por siete Blindados Medios de Ruedas (BMR) y un Vehículo de Alta Movilidad Táctica (VAMTAC) y en su interior viajaban 47 militares.

Participaban en la Operación Wyconda OQAB, de apoyo al Ejército afgano, cuyo objetivo es asegurar la ruta que une Herat (donde está la base principal de los contingentes español e italiano) y Farah (donde hay un Equipo de Reconstrucción Provincial de EE UU).

Según los primeros datos y a falta del resultado de la investigación, el coche se encontraba parado a un lado de la carretera y estalló cuando se aproximaba el BMR que abría el convoy.

Precipitación y blindaje

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La explosión causó heridas leves al conductor del vehículo, Javier García Crespo, cabo de la Brigada Ligera Aerotransportable (Brilat), soltero y de 26 años, natural de Barro (Pontevedra), quien fue atendido en el lugar de los hechos por el equipo sanitario de la patrulla y, posteriormente, en el hospital de campaña de Herat, donde fue curado de quemaduras de segundo grado en la frente, nariz y pómulo,

También fue atendido, ya en la base, el soldado de 21 años José Ángel González Núñez, que viajaba en el mismo BMR, quien sufrió cortes leves en la cara. Entre los amasijos de hierro a que quedó reducido el coche se hallaron restos humanos, pertenecientes al suicida que lo conducía.

La explosión reventó la rueda delantera derecha del BMR, que fue sustituida allí mismo, por lo que el vehículo pudo regresar a la base por sus propios medios.

Las fuentes consultadas indicaron que es probable que el suicida se precipitara al activar el artefacto y por eso su efecto fue menor, a pesar de que éste contaba con una cantidad de explosivo aún por determinar y con abundante metralla. Otro factor determinante fue las características del vehículo alcanzado: un BMR en lugar de un VAMTAC, cuyo blindaje es mucho menos robusto. Inicialmente, el contingente español desplegado en Afganistán sólo disponía de VAMTAC, pero el pasado verano, a la vista del deterioro de las condiciones de seguridad, el Mando de Operaciones decidió reforzarlo con una docena de BMR.

El reforzamiento de los medios coincidió con el aumento del contingente en 150 soldados, hasta llegar a 690, que fue aprobado por el Congreso. Pero mientras el envío de las tropas fue relativamente sencillo, el traslado de los blindados requirió de una operación logística muy compleja. Los BMR llegaron a Pakistán en barco y luego volaron a Afganistán en grandes aviones de transporte de origen soviético.

El esfuerzo valió la pena, pues los heridos ayer parecen ser los que viajaban con parte del cuerpo fuera de las escotillas, sin la protección del blindaje. También influyó la suerte, pues todo indica que la onda expansiva no se dirigió directamente contra el BMR, que recibió la llamarada.

Aunque es muy pronto para sacar conclusiones, los expertos señalan que es probable que el convoy español no fuera el objetivo del coche bomba, ya que para atacar vehículos militares resultan más adecuados otros dispositivos, como minas o artefactos improvisados (IED), y ello explicaría el comportamiento errático del terrorista suicida.

La noticia la dio el ministro de Defensa español, José Antonio Alonso, quien participaba ayer en una reunión en Bruselas con sus homólogos de la UE y se felicitó de que no hubiera que lamentar consecuencias fatales. Por su parte, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, expresó desde Estambul su "apoyo, respaldo y estímulo" a los soldados españoles en Afganistán, de quienes destacó su labor humanitaria. Por su parte, el líder de IU, Gaspar Llamazares, reiteró su petición de un calendario de retirada de las tropas, en declaraciones a Europa Press.

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Sobre la firma

Miguel González

Responsable de la información sobre diplomacia y política de defensa, Casa del Rey y Vox en EL PAÍS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1982. Trabajó también en El Noticiero Universal, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña. Experto en aprender.

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