Crítica:Crítica
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Esquivar el futuro

Novelar las vicisitudes de un inmigrante no es un asunto que esté al alcance de cualquiera. Y mucho menos en momentos como éstos, en los cuales acampa la información sesgada, la ausencia de compasión, la demagogia y el oportunismo de la politiquería (que no del debate auténticamente político, como debería ser). Además, la inmigración es caldo de cultivo fácil para las complicidades emocionales más baratas. Y esto en literatura puede llegar a ser devastador. Claro que no siempre se puede escribir un libro como Los emigrantes, de W. G. Sebald, con ese lenguaje "inmerso en la materia de las cosas", que subrayó en su día Susan Sontag. Por todo ello, valoro mucho La frontera Oeste del escritor gallego Suso Mourelo. Una obra de ficción que no rehúye la descripción realista, casi documental, y que tampoco se vale de la literatura para caer en autocomplacencias líricas.

LA FRONTERA OESTE

Suso Mourelo

Caballo de Troya

Madrid, 2006

221 páginas. 12,50 euros

De lo que se habla en La

frontera Oeste es de la pobreza, del miedo a pasar hambre, de la búsqueda de un cobijo afectivo. Y si puede ser, de cualquier guiño sensual que palie tanta exposición al ninguneo. De lo que se habla, esencialmente en esta excelente crónica novelada, es de los inmigrantes ilegales. También se menciona la xenofobia (no odio a todos los extranjeros, sino a algunos, se nos dice). De hecho en este libro se toca toda la gama humana e inhumana de la inmigración. Es así porque Mourelo ha diseñado una ficción en forma de diario-diccionario. El narrador, Nikolai Lazarenko, tiene 33 años, nació en Ucrania y su profesión es la de técnico en recursos piscícolas y analista de aguas. ¿Le suena al lector esta biografía? Podría ser la de un ciudadano ecuatoriano, argentino, en estos últimos años, años en donde una pobreza repentina cayó sobre un segmento significativo de las clases medias de países donde el FMI urdió políticas monetaristas enormemente crueles. Acierta plenamente Suso Mourelo en el formato de su libro. Un diccionario nada autocompasivo sobre los inmigrantes, con un tejido vital detrás sosteniendo a base de recuerdos familiares la vida de este ilegal que es Nikolai. Un ilegal es un inmigrante que esquiva la policía y que teme que su ocasional patrón le pague por el trabajo mal pagado que hace. Así define Nikolai su condición. Este inmigrante extraña, al fin y al cabo se trata de eso, una rutina. La rutina de volver del trabajo a casa y estar con la familia. Ser un tipo como los demás que no son inmigrantes. Y, sobre todo, que no le duela nunca más en la cabeza el ruido de un huevo duro chocando contra el mostrador, como suele suceder en la cabeza de los hombres que pasan hambre, según un poemazo inolvidable de Jacques Prevèrt.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 03 de noviembre de 2006.

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