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La UPC hará la reconstrucción virtual de la evolución de la Sagrada Familia

La investigación durará dos años y costará 24.000 euros

Dentro de dos años se terminarán las cubiertas de las naves de la Sagrada Familia, que permitirán abrir el templo al culto. Antoni Gaudí ultimó el proyecto entre 1924 y 1926, pero llegar a aquel resultado le costó años de experimentaciones. Esta evolución, fundamental para desentrañar el proceso creativo y constructivo del arquitecto, es el objeto de una investigación que desarrollará un equipo de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del Vallès de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).

Gracias a un acuerdo de colaboración firmado ayer por Joan Rigol, presidente de la Junta Constructora del Templo, y Antoni Giró, rector de la UPC, esta entidad realizará una reconstrucción virtual de los sucesivos estudios de Gaudí sobre las naves, a partir de maquetas, planos, dibujos y fotografías. Gran parte de este material se destruyó en el incendio de su taller durante la Guerra Civil, pero su memoria se conservó en un libro publicado por Josep Ràfols en 1928. También se salvaron los modelos en yeso, que fueron restaurados por su colaborador Lluís Bonet Garí, padre del arquitecto Jordi Bonet, quien dirige las obras desde 1985.

"Actualmente no existe ninguna representación espacial completa de las primeras soluciones constructivas ideadas para las naves y, aunque no es indispensable para continuar los trabajos, permitirá profundizar en el conocimiento de Gaudí", afirmó el catedrático Josep Gómez Serrano, responsable de la investigación, que durará dos años y cuenta con un presupuesto de 24.000 euros.

"El proyecto del templo se desarrolló en tres fases sucesivas, a partir de un planteamiento neo-gótico, en el cual las bóvedas eran producto de una maqueta en forma de catenaria, que evolucionó en las formas parabólicas e hiperbólicas de la solución definitiva", explicó Gómez Serrano, quien expresó su preocupación por las obras del AVE, cuyos raíles pasarían, a 20 metros de profundidad, a sólo cuatro metros de la fachada de la Gloria. "Los movimientos del terreno pueden afectar a la bóveda. Es una obra cuyos riesgos pueden ser irreparables y que resulta innecesaria, considerando que no hay estaciones intermedias", declaró el arquitecto, que se cuenta entre los firmantes del documento que empujó al Consorcio Alta Velocidad (CAV), integrado por el Ayuntamiento, la Generalitat y el Ministerio de Fomento, a retomar el estudio del trazado.

La firma del convenio, que se enmarca en un amplio programa de colaboración entre las dos entidades, empezado en 1992, se llevó a cabo en el Colegio de Arquitectos de Cataluña (plaza Nova, 5), donde se presenta la exposición L'obrador de Gaudí, un conjunto de fotografías del taller de la calle de Sardenya con Provença, donde del arquitecto realizó los sucesivos proyectos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de octubre de 2006