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Necrológica:

Astrid Varnay, mito de la interpretación wagneriana

Conocida como la "Callas del Norte", destacó por el poder de su registro y su teatralidad

Nacida en Estocolmo el 25 de abril de 1918, Ibolyka Astrid Mária Várnay, cantó en 2.000 representaciones e interpretó a más de 50 personajes. Falleció el pasado 4 de septiembre en Múnich a los 88 años.

La primera semana de agosto se despedía de este mundo a los 90 años la soprano alemana Elisabeth Schwarzkopf. Un mes después se ha ido a los 88 Astrid Varnay. Con la primera desaparecía también un símbolo en la comprensión de Richard Strauss, con la segunda uno de los mitos de la interpretación wagneriana. Y entre ambos fallecimientos hubo un tercero, el del gran tenor mozartiano Leopold Simoneau. La lírica está de luto grande en estas semanas finales del verano. Pero la muerte incentiva el recuerdo. Y el arte sale catapultado en las reflexiones y sentimientos que los fallecimientos suscitan.

El deseo de prolongar la vida de una cantante fallecida lleva inevitablemente al disco, su testamento de dominio público. En el caso de Astrid Varnay fui impulsivamente a la recreación de dos de sus personajes fundamentales: Senta y Brunilda. Los dos de Wagner, los dos en versiones dirigidas por Hans Knappertsbuch, una de 1955, la otra de 1956. Ella en sus memorias elige los roles de Ortrud y Elektra como los que quizá mejor la retratan vocal y dramáticamente. Pero su Senta y su Brunilda son, a mi modo de ver, particularmente inigualables. No puede morir alguien q

ue canta así. El disco permite esta inmortalidad artística. A ello me remito como tarjeta de presentación de Astrid Varnay.

Nacida casualmente en Estocolmo el 25 de abril de 1918, Ibolyka Astrid Mária Várnay es hija de padres cantantes de origen austrohúngaro. Sus primeros pasos escénicos los dio en Estados Unidos. En Brooklyn en 1937 junto a su madre en Il trovatore verdiano; en el Metropolitan de Nueva York el 6 de diciembre de 1941 como Sieglinde de La Walkyria, en sustitución de última hora de Lotte Lehmann. Nació una estrella aquella noche.

En el Festival de Bayreuth debutó en 1951 como Brünnhilde en El anillo del Nibelungo, recomendada nada menos que por la noruega Kirsten Flagstad, seguramente la mejor Isolda de todos los tiempos. En Bayreuth hizo historia al ser contratada sin audición previa, participando allí todos los veranos sin interrupción hasta la edición de 1968, en lo que fueron los años más memorables de su carrera. Cantó la mayoría de los papeles wagnerianos de soprano dramática. Y todos ellos con una personalidad indiscutible y unas magníficas dotes de actriz. "Para qué quiero un árbol en escena cuando tengo a Astrid Varnay", dijo Wieland Wagner. Con el paso del tiempo ensanchó sus registros medio y grave y perdió consistencia en el agudo, iniciando en la década de los setenta una segunda etapa artística en la tesitura de mezzosoprano, llevada con éxito hasta su última representación a mediados de los noventa en Múnich como el Ama del Zar en Boris Godunov, de Mussorgski. El balance es impresionante: 2.000 representaciones con más de 50 personajes.

La "Callas del Norte", la "inalcanzable", destacó por la homogeneidad y poder de su registro central, por su fiato, por sus reguladores y su teatralidad. Publicó sus memorias en 2000 en una edición de la universidad de Boston bajo el título 55 years in five acts. My life, con prólogo de Wolfgang Wagner. Su discografía es indispensable en Wagner y Strauss, pero también contempla autores como Janacek, Verdi, Stravinski o Giordano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de septiembre de 2006