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CARTAS AL DIRECTOR

La pasión truncada

Steve Irwin, el intrépido australiano entregado a la causa ambientalista, nos ha dejado. En su afán divulgativo era capaz, para sensibilizarnos, de poner los pelos de punta a media humanidad a costa de, los a veces temerarios, y siempre espectaculares, encuentros "cara a cara" con algunos de los representantes más temidos u odiados de la fauna salvaje. En el fondo, creo que muchos quisimos emularle en sueños, como antaño, algo más jóvenes, lo habíamos hecho con el inolvidable "amigo Félix". Éste con sus lobos, aquél con sus cocodrilos. Les envidiábamos. Parecían seres privilegiados que, además de fama y dinero, disfrutaban con su trabajo, cuando la mayoría de nosotros, pobres mortales, sólo "sufre", o como mucho "soporta" el suyo. Ilusiones. La tragedia nos ha devuelto a la realidad.

Todos podemos disfrutar con nuestro trabajo, sea cual sea, pero para ello debes comprometerte con él en lo bueno y en lo menos bueno. Steve Irwin, como antes Félix, lo comprendió así, y el azar quiso que "lo menos bueno" fuera en su caso una fatalidad absoluta. Era lo propio para alguien que puso todo su corazón en lo que hacía. Hasta que se lo atravesaron. Descanse en paz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de septiembre de 2006