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Tenis | Open de Estados Unidos

Federer agranda su leyenda

El suizo se impone en cuatro mangas al estadounidense Roddick

Roger Federer levantó los brazos y se estiró en la pista azul después de aprovechar la segunda pelota de partido que le convirtió en campeón del Open de Estados Unidos. El tenista suizo, impasible ante el apoyo masivo que los espectadores dieron al norteamericano Andy Roddick, se deshizo del jugador de Nebraska en cuatro sets por 6-2, 4-6, 7-5 y 6-1 en dos horas y 27 minutos. El número uno mundial, que sólo cedió dos mangas en todo el torneo, dio un nuevo paso para seguir entrando en la leyenda: es el segundo jugador en ganar tres años seguidos en Nueva York después del estadounidense de origen checo Ivan Lendl. Ayer conquistó su noveno grand slam y el norteamericano Pete Sampras, que tiene el récord con 14, no tiene ninguna duda de que algún día le atrapará.

Roddick, el número diez, salvó al final una pelota de partido y peleó como un jabato para no irse con un rosco en el último set. Posiblemente, habría sido demasiado duro para el campeón en esta pista en 2003 y que ha reconducido su carrera desde que su compatriota Jimmy Connors aceptó vivir unos días con él en su casa para ver si podían congeniar como entrenador y jugador. La progresión de Roddick parece evidente, pero era casi utópico pensar que pudiera derrotar a Federer -nueve victorias a una para el suizo- aunque éste no fuera una máquina y fallase más de lo previsto. Pero su tenis le bastó para ser el campeón.

Federer empezó como tal: rompiendo el servicio a Roddick y ganando el primer set -llegó a ir 5-0- con un 6-2. El pupilo de Connors tuvo el mérito de aguantar la posible humillación. Arropado por su gente, que celebró cada juego como una manga, rompió el servicio al suizo y ganó el segundo. El tercero, disputadísimo, duró una eternidad hasta que Federer dijo basta. Lo acabó ganando y se paseó en el cuarto y definitivo. Pero, cuando se tiró al suelo para celebrarlo, no escondió lo que había sufrido. Al fin y al cabo, aunque no lo parezca, también es humano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de septiembre de 2006