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Necrológica:

Françoise Claustre, arqueóloga, "la prisionera del desierto"

Estuvo secuestrada por guerrilleros de Chad durante 33 meses

Françoise Claustre, de 69 años, arqueóloga francesa que estuvo 33 meses secuestrada por un grupo guerrillero en Chad (África central), falleció el pasado fin de semana en Montauriol (Pirineo francés). Fue enterrada ayer en la intimidad familiar en su departamento natal de Ariège.

La arqueóloga Françoise Claustre, investigadora por cuenta del CNRS (Centro Nacional de la Investigación Científica) francés, sólo fue célebre cuando nadie supo dónde estaba. El 21 de abril de 1974, mientras está refrescándose en un palmeral del desierto chadiano, su pequeño grupo es atacado por un grupo de militantes del Frolinat, una organización que lucha contra la presidencia corrupta de Tombalbaye. Ella, el cooperante francés Marc Combe, y el médico alemán Christophe Staewen se convierten en moneda de cambio para una guerrilla sin armas ni dinero. El alemán tiene suerte: su país paga el rescate de inmediato y queda en libertad. Los dos franceses pechan con la situación de provisionalidad del país pues el presidente Georges Pompidou acaba de fallecer y aún no ha sido elegido sucesor. Cuando el orden político francés toma forma, es el del Frolinat el que empieza a deshilacharse al aparecer disensiones entre sus dos cabecillas, Goukouni Weddeye e Hissène Habré. Los dos serán luego presidentes de su país.

Françoise Claustre, que buscaba en el macizo montañoso de Tibesti restos de antiguas civilizaciones, vivirá durante 33 meses prisionera de los rebeldes Toubous. Durante todo ese tiempo apenas podrá intercambiar unas pocas palabras con sus raptores, que tampoco se preocupan demasiado por vigilarla de manera muy estricta, sabedores que no hay mejor cárcel que la infinitud del desierto. Pero Marc Combe se atreve a desafiarla y a ir más allá del espejismo del horizonte. Ella, sola, seguirá en manos de sus raptores, ilocalizable para todos, incluidos los distintos enviados del Gobierno francés que son manipulados por los hombres de Tombalbaye.

El esposo de Françoise, Pierre, es capaz de vencer todas esas dificultades pero para convertirse también él en prisionero. La pareja es amenazada de muerte, los guerrilleros transmiten el 23 de septiembre de 1975 su decisión de ejecutar a los Claustre si no reciben de inmediato el rescate. La amenaza hay que tomársela en serio puesto que pocos meses antes, un enviado de París, Pierre Galopin, ya ha sido pasado por las armas por un "tribunal revolucionario".

No es hasta el mes de enero de 1977 que los Claustre son liberados. Los intríngulis de la negociación siguen siendo, aún hoy, un secreto del que puede que sólo Jacques Chirac y el coronel Gaddafi conozcan todos los entresijos.

Una vez liberada, Françoise Claustre volvió a desaparecer. No quería tener que hablar de sus meses de cautividad, de ese tiempo de soledad, de vivir pensando sólo en la muerte. El cineasta Raymond Depardon le dedicó un filme silencioso: La captive du désert. En varias oportunidades Françoise Claustre se había negado a rememorar aquellos meses de angustia. No quiso escribir sobre ello, acusar a nadie, ni criticar a nadie. Asumió sola el peso del dolor. Depardon, que fue a visitarla en varias oportunidades, habla de ella como de "una persona herida". Claustre decidió que el equilibrio psicológico sólo podía dárselo la arqueología. Y siguió trabajando, de manera discreta, secreta y eficaz, hasta su jubilación. Ahora, cuando había cumplido los 69, ha muerto en su Ariège natal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de septiembre de 2006