Mundial de baloncesto 2006Columna
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Baloncesto de grupo

De ilusiones se vive. No siempre podemos alcanzarlas, pero esta vez estamos a un pasito. Ayer tocó disfrutar, que no todos los días la selección española está en vísperas de una final mundialista. Después de un día de mucho sufrimiento, pero con final feliz, tocó descansar y volver a la calma. El de Argentina fue un partido dramático y seguro que hoy tendremos más.

Sólo nos separa del éxito total la selección griega, el otro conjunto que, con el nuestro, más ha jugado como equipo en todo el campeonato. Es la final del baloncesto de grupo, de las selecciones que mejor han sabido conjuntar el juego y la personalidad de sus jugadores. Todo un orgullo para sus entrenadores, Yannakis y Pepu.

Los griegos, actuales campeones del continente, son un hueso muy duro de roer. Eliminaron a la selección norteamericana, que sigue cayendo en los mismos errores de los anteriores años. Envían a sus estrellas de la NBA, pero son incapaces de jugar como equipo. Una pena.

No les falta carácter a los helenos. Lo han demostrado en repetidas ocasiones y no creo, en contra de otras opiniones, que tengan menos talento que los españoles. Quizá no tengan un Gasol, pero, como no va a jugar, se igualan las balanzas. Es curioso cómo Felipe Reyes, prácticamente inédito todo el campeonato por lesión, pasa a tener un protagonismo inesperado nada menos que en la final, Conociéndole como le conozco, seguro que ni ha dormido.

En lo que los griegos son unos maestros es en el control del ritmo del partido y ésa será una de las claves. Mientras los españoles prefieren un juego más veloz y suelen buscar rápido el aro contrario, ellos optan por ralentizar el juego y apurar las posesiones. No se van en el marcador, pero el rival tampoco marca diferencias. Y aquí el maestro de maestros es Papalukas, enorme jugador, siempre pendiente de lo que necesita el equipo en cada instante. Sus compañeros no rinden igual si él no está en la cancha. España tiene más posibilidades si controla el juego del base.

Ha sido un camino muy largo y nos espera la gloria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 02 de septiembre de 2006.

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