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Los investigadores del ámbar de Peñacerrada hallan otro yacimiento

El equipo considera que la calidad del nuevo filón puede ser mayor

Los investigadores del yacimiento de ámbar de Peñacerrada (Álava) han encontrado este verano un nuevo filón en el cercano lugar de Salinillas de Buradón, en la localidad de Labastida. El director del Museo de Ciencias Naturales de Álava, Jesús Alonso, confirmó ayer los nuevos hallazgos durante una visita al primer enclave, en la que destacó los últimos avances en las excavaciones de este verano en las que se han extraído 15 toneladas de roca, de las que surgirán por lo menos tres kilos de ámbar destinados a su investigación.

El ámbar de Peñacerrada es único en el mundo, tanto por su antigüedad -se formó en el Cretácico Inferior, entre 146 y 99 millones de años a. C.- como por la calidad de sus fósiles. Los investigadores de 16 países que trabajan con estas resinas han catalogado hasta el momento decenas de especies de insectos, entre las que se encuentra la mosca más antigua del mundo, de la especie Euliphora grimaldii o el primer ejemplar de araña de la que se tiene constancia que tejía su red, la Mesozygiella dunlopi.

Alonso explicó que el filón encontrado en Salinillas de Buradón pertenece a la misma época y quizás su calidad sea incluso mejor que la de Peñacerrada. De momento, sólo se ha realizado una cata, como también se ha practicado en Montoria, pero es la de Salinillas la que ofrece mejores perspectivas. Su formación es similar a la de Peñacerrada, un auténtico milagro de la Naturaleza. Esta zona es interesante por el ámbar, pero también por su formación geológica, estadio en el que se encuentran las actuales investigaciones.

Cuando aquella resina de coníferas atrapó a insectos, hojas y plumas de dinosaurios alados, la zona era un gran estuario. Al poco tiempo, la tierra empezaría a plegarse y los distintos estratos se conformaron en forma de rompecabezas, con continuos encabalgamientos.

Singularidad

De este modo, los estratos más antiguos llegaban a la superficie, mientras que las últimas tierras (como las arenas que contienen el ámbar) se entremezclaban con otros materiales, pero sin profundizar demasiado.

Y ahí se da otra de las casualidades singulares de Peñacerrada y Salinillas de Buradón, que ha permitido que el ámbar no se encuentre a ocho kilómetros de profundidad, como le correspondería a un sedimento de aquella época. Peñacerrada se encuentra sobre un diapiro salino, una estructura geológica con forma de hongo que tiene una densidad menor que los sedimentos suprayacentes. De este modo, el diapiro empuja continuamente hacia arriba, lo que obliga a que los sedimentos no se hundan. Y así el ámbar, en lugar de convertirse finalmente en carbón o petróleo, se mantuvo durante estas decenas de millones de años cerca de la superficie.

El siguiente paso en la investigación tratará de descubrir nuevas especies de insectos y, sobre todo, continuar con el estudio de los restos de ácido nucléico, quizás los vestigios de vida más antiguos que se conservan, como se difundió en la revista Journal of Paleontology. Los resultados de estas investigaciones se difundirán en el congreso internacional sobre el ámbar que se celebrará en Vitoria en mayo de 2007.

Aluvión de descubrimientos

Los estudios realizados hasta ahora han puesto de manifiesto la presencia de más de 60 especies botánicas en los bosques cretácicos de Peñacerrada, que componían una selva tropical poblada por grandes araucariáceas. Además, se han descubierto un total de 19 órdenes de invertebrados, como ese escarabajo en el que se distinguen perfectamente el cuerpo, las patas y las alas medio abiertas, o el grupo de tres insectos posados sobre un pequeño trozo de hoja.

También se han hallado restos de plumas de aves o, mejor dicho, dinosaurios avianos, que forman la mejor colección mundial de plumas en ámbar del Cretácico Inferior.

No se ha perdido el tiempo desde aquel febrero de 1994 en que el gemólogo Rafael López del Valle descubrió por casualidad el filón ambarino. Lo último es la investigación con microscopios electrónico y láser de las piezas rscatadas. Los resultados son espectaculares y determinantes: por primera vez, se han conseguido describir tanto estructural como morfológicamente restos fósiles de protozoos, amebas o posibles bacterias de ese periodo del Mesozoico.

Con todo, la verdadera sorpresa llegó con el hallazgo de restos orgánicos. "Si es todo un acontecimiento encontrar un mamut que ha muerto en los hielos y se ha conservado durante miles de años congelado, no es difícil imaginar la magnitud de este descubrimiento", aclara Jesús Alonso, director del Museo de Ciencias Naturales.

No hay que adelantar acontecimientos. El ámbar de Peñacerrada no es el embrión de ningún parque jurásico, pero resulta imprescindible para conocer una parte fundamental de la historia de la vida, y "la historia del soporte de la vida, que es la Tierra", como insiste el propio Alonso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de septiembre de 2006

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