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Crónica:

La Tomatina inunda Buñol

Unas 40.000 personas, procedentes de todo el mundo, participaron ayer en la populosa Tomatina de Buñol interpretando a la perfección una sinfonía en la que el tomate, y la incruenta batalla en que sirve de proyectil, es el único protagonista. Por la estrecha calle del Cid pasaron desde las 11 y hasta las 12, cinco camiones cargados con 120 toneladas de tomates maduros procedentes de Xilxes.

Según el Ayuntamiento, la fiesta costó 36.000 euros, una vez deducidos los únicos ingresos procedentes de la publicidad y las televisiones extranjeras. Los inicios de la fiesta se cifran alrededor de 1945, cuando los quintos de aquel año protestaron a tomatazos porque el Ayuntamiento no les había concedido las fiestas, como recuerda Miguel Sierra, autor de libro Historia de la Tomatina. La fiesta aumentó su dimensión a partir de los años ochenta con la irrupción de las televisiones. El acontecimiento, totalmente internacionalizado, transformó Buñol en una torre de Babel festiva cuyos principales idiomas son el japonés, el inglés y el castellano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de agosto de 2006