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Reportaje:LITERATURA CINEMATOGRÁFICA

La edad de oro del libro de cine

Un total de 354 libros sobre cine se publicaron el pasado año en España, es decir, una media de uno cada día. Sin embargo, esta avalancha de títulos, que incluye desde memorias de actores y directores hasta monografías de películas pasando por textos universitarios y obras de cotilleo, no ha servido para aumentar el número de lectores. Cuando está a punto de comenzar la temporada cinematográfica con el Festival de Venecia el próximo miércoles, Babelia ofrece una panorámica de este género.

A simple vista, a cualquier aficionado al cine, y más concretamente a los libros de cine, le puede parecer sorprendente que de un tiempo a esta parte las estanterías de las (pocas) librerías especializadas aún supervivientes en las grandes ciudades españolas se llenen de libros exóticos, escritos en castellano y que dan cuenta de la existencia de cinematografías tan lejanas como la tailandesa, de las relaciones entre el documental internacional y la vanguardia artística de ahora mismo, o incluso monografías dedicadas a directores independientes casi aún por descubrir por el gran público (por ejemplo, Todd Haynes). Se diría que todo el cine internacional, incluso en sus recovecos más recónditos, tiene su lugar en las estanterías; se diría incluso que estamos ante una peculiar edad de oro del libro de cine en España. Y sin embargo, la realidad es, como casi siempre, más compleja y matizada; más ardua, incluso, vista desde la perspectiva de quienes editan esos libros o de quienes los venden.

"El lector medio ha cambiado en los últimos años. Ahora es sobre todo universitario, aunque sobreviven veteranos cinéfilos"

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El panorama de la edición cinematográfica en España es cuando menos curioso. Una descripción somera nos situaría ante un mercado ocupado, en primer lugar, por un número escaso de editoriales con colecciones específicamente cinematográficas, como por ejemplo Cátedra, cuya colección Signo e Imagen es desde hace años la que más títulos coloca en las librerías; las madrileñas T & B, JC, Plot y Rialp, la librería/editorial 8 ?, la multinacional de origen alemán Taschen, especializada en grandes tirajes en varios idiomas, y en libros de fotografías, más que de texto; la barcelonesa Alba Editorial, que edita una colección de Artes Escénicas; CACITEL, especializada en libros recopilatorios sobre temas o géneros (por ejemplo, Las 100 mejores películas de cine negro o periódicas reediciones de la historia de los Premios Oscar); el Instituto de Radio y Televisión, que edita sobre todo manuales técnicos, y hasta hace sólo un mes, otra editorial catalana, aunque de lejanos orígenes argentinos, Paidós, absorbida hace tres años por el Grupo Planeta, y en la actualidad con su producción sobre cine provisionalmente suspendida.

A estas firmas habría que agregar aún otras editoriales que, sin tener colecciones específicas, publican puntualmente ciertos títulos. Es el caso de Espasa Calpe, de Aguilar, de Alianza Editorial, de Anagrama o de Plaza & Janés, sólo por citar algunas importantes. Y en un lugar destacado cabría colocar aún a la inmensa pléyade de instituciones estatales que por sus características mantienen colecciones estables, como sería el caso de las filmotecas valenciana, andaluza, canaria, la catalana, la de Castilla y León, el CGAI gallego o la Filmoteca Española, que continúa desde hace años su colección en coedición con Cátedra. También, puntuales ediciones patrocinadas por ayuntamientos deseosos de loar las glorias de un actor o de un cineasta local. O bien iniciativas vinculadas a festivales de cine que, en una tradición que hunde sus raíces sobre todo en Francia e Italia, durante décadas el espejo en el que se miró la edición de cine en España, mantienen acuerdos de coedición con firmas comerciales o publican sin otro apoyo que los propios presupuestos (en su mayor parte, provenientes de fuentes oficiales) de cada año.

Un público cambiante

El saber quién lee esos libros es ya otra cuestión. La primera sospecha que asalta al periodista es si la crisis de las revistas especializadas sobre cine, un fenómeno de alcance mundial, se traslada también a la edición de libros. O dicho en otros términos, si los cambios en los hábitos de consumo del propio cine, cada vez más plurales y menos dependientes de la hasta ahora omnipotente pantalla de la sala de cine, y que ha creado un nuevo espectador/tipo, un cinéfilo de nuevo cuño, tiene también su traslación al terreno de la lectura sobre cine.

Jesús Robles, propietario de la librería especializada 8 ?, sin duda la más surtida de España y una de las mejores de Europa, no tiene muchas dudas: "El lector medio ha cambiado bastante en los últimos años. Ahora es prioritariamente universitario, aunque también sobrevive una cierta generación de lectores digamos que de poco más de 40 años, que viene de la vieja cinefilia", afirma. Ahí está una de las claves para entender la polarización que todas las fuentes consultadas dan por descontada: la que se establece entre el libro de cine de finalidades académicas (libros de texto en un sentido amplio, pero también recomendaciones de determinados profesores sobre aspectos de la historia del cine o sobre la trayectoria de determinados autores que forman la cultura básica de todo estudiante universitario interesado por la imagen en movimiento) y el resto de la producción en la materia, sean éstas biografías de actores, libros de análisis de la trayectoria de determinados cineastas, compendios de curiosidades, guías de consulta rápida y guiones o análisis de películas concretas.

Éste solía ser el terreno habitual de la vieja cinefilia, la de quienes, hace veinte, o incluso menos años, frecuentaban las salas, leían revistas especializadas y profundizaban en algunos aspectos concretos que les interesaban de tal o cual actor, de tal o cual película. En la medida que todo eso se encuentra ahora mucho más fácilmente en otras fuentes (léase Internet), lo que se ha producido en los últimos años es un desplazamiento desde el objeto-libro, que hasta hace poco se coleccionaba, hacia el filme igualmente como objeto, primero, hacia el terreno del vídeo; luego, hacia el DVD, y más recientemente, hacia la descarga desde la red de títulos concretos.

Es en este aspecto que cabe hablar de una cinefilia diferenciada de la que nació al calor de los "nuevos cines" de los años sesenta y de las teorías del autor acuñadas por los críticos de la señera revista francesa Cahiers du Cinéma. Ya no se trata, como hace unos años, de ver en sesiones únicas y en filmotecas de todo lustre títulos de los que se dudaba que podrían volver a contemplarse otra vez, o de buscar en los libros el apoyo de información y de análisis que no se obtenía de otra forma. Ahora todo está más al alcance de la mano, la posesión material del filme asegura su visión cuando se desee, lo que ha provocado una contracción también en el mercado del libro. Las tiradas, y en esto el libro de cine no se diferencia en nada del resto de la actividad de las editoriales (literatura incluida, salvo best sellers), se han reducido, de manera que son ahora sensiblemente menores.

Carlos Losilla, hasta hace un mes responsable de las colecciones de cine de la editorial Paidós, lo resume a la perfección: "La tirada de los libros se ha reducido en los tres últimos años, desde unos 3.000 ejemplares de media hasta los 2.000, que es el número que solíamos tirar de prácticamente el 80% de nuestra producción", confiesa. Y no sólo eso: con menos números de ejemplares tirados de cada título, cada vez resulta más difícil encontrar un libro editado hace ya un cierto tiempo. "Nos vamos a quedar sin libro de fondo cinematográfico, algo impensable en otros países, como en Francia o en el ámbito anglosajón", sentencia Losilla.

Qué no se lee...

Estos cambios en la sociología del espectador cinematográfico, unidos a una edad menor del consumidor tipo, a un desinterés mundial por el cine de autor, cuya obra necesitaba de claves de interpretación externas a la propia película, y a un creciente desinterés por la vinculación de determinadas prácticas cinematográficas con las escuelas de otrora, ha provocado también una reducción en la venta de uno de los rubros estrella de las dos pasadas décadas: la del libro sobre teoría y lenguaje cinematográficos, reducido ahora a proporciones menguantes. Siempre hay lugar para este tipo de propuestas, entre otras cosas, porque algunas son imprescindibles libros de texto universitario (entre los ejemplos de este tipo, de periódica reedición, figuran clásicos como la Estética del cine, de Jacques Aumont, Alain Bergala, Michel Marie y Michel Vernet, de Paidós, o la Praxis del cine, de Noel Burch, de Fundamentos).

Pero no cabe duda de que si se pretende estar al tanto de lo que se teoriza en este momento sobre las relaciones entre cine y pintura, sobre tecnología y cine, sobre multiculturalidad en la pantalla o sobre el estado actual del feminismo cinematográfico no hay más remedio que remitirse al mercado extranjero, con prioridad al anglosajón. Juan Tejero, propietario de la editorial independiente T & B (que con más de 100 títulos en el mercado en los últimos ocho años se puede contar entre las más prolíficas), tiene muy claro que editar hoy libros de teoría "es sólo por prestigio, o cuando mucho, para ser amortizados a muy largo plazo, si tienes la suerte de que se recomienden en las universidades", apunta.

Y si la teoría no constituye una prioridad para las editoriales, tampoco parecen serlo ya las ediciones de libros dedicados al análisis de una sola película. Hasta hace poco, existían colecciones que, en la órbita de otras publicaciones anglosajonas (como la colección del British Film Institute), estaban dedicadas al análisis pormenorizado de películas concretas, como Paidós/Películas o Programa Doble, editada por la veterana revista Dirigido; sin embargo, estas propuestas no sólo están en franca retirada, sino en desaparición fáctica. Tan sólo subsiste en el mercado una colección, de Nau Llibres/Octaedro, de análisis de películas, pero que en realidad constituyen útiles de trabajo para profesores de enseñanza media que utilizan el cine como complemento de sus materias escolásticas.

... y qué se lee

La retracción del cinéfilo clásico y la irrupción de un nuevo público cinematográfico menos lector explica también ciertos caprichos que afectan a todo el mercado. Así, los libros que más se venden siguen siendo básicamente, por un lado, textos sobre cine clásico, biografías o autobiografías que conocen siempre puntuales reediciones (al frente de ellas, tres clásicos indiscutibles: El cine según Hitchcock, de François Truffaut; A libro abierto, la celebérrima autobiografía de John Huston, y Mi último suspiro, las memorias de Luis Buñuel). Pero en cambio, biografías de actores jóvenes o de directores de recientes hornadas tienen acogidas desiguales entre los lectores, cuando no constituyen fracasos sin paliativos. Por el otro, se siguen vendiendo especialmente bien libros sobre chascarrillos y anécdotas, ese tipo de libros aptos para regalar a un amigo curioso. Juan Tejero, autor él mismo de una voluminosa recopilación de anécdotas, Este rodaje es una guerra (que anda ya por los 15.000 ejemplares vendidos, una cima para este tipo de publicaciones), se declara satisfecho de su apuesta, pero al mismo tiempo apunta en su crítica más hacia las carencias del mercado que hacia sus excesos: "Claro que se siguen vendiendo bien los libros de o sobre Woody Allen, uno de los cineastas, junto con Pedro Almodóvar, con más libros en el mercado. Pero no tenemos a disposición una buena historia general del cine francés o del cine italiano, que siempre han sido tan próximos a nosotros", recuerda.

Otro de los tradicionales apartados de éxito seguro sigue siendo el de las guías de consulta, al frente de las cuales figura, desde hace años, la Guía del vídeo-cine de Carlos Aguilar (Cátedra), rebautizada en su última edición con un escueto Guía del cine y en curso de reedición: las varias docenas de miles de ejemplares vendidos hacen de ella el indiscutible best seller del libro de cine en España. Y dentro de este apartado se deben incluir también libros como los de Roger Ebert, Las grandes películas (Ma Non Troppo), sobre todo por el prestigio de su autor, que compagina con soltura su cátedra en la Universidad de Illinois con su colaboración en el célebre anuario americano Movie Yearbook, base de sus libros. También goza de crédito la recopilación de Martínez Torres Películas del cine mundial de la A a la Z (Espasa Calpe).

El lamento de los libreros tiene que ver, igualmente, con la inexistencia de determinado tipo de productos. Por ejemplo, de la escasez de memorias solventes de profesionales cinematográficos, un apartado clásico de la edición de libros en el mundo, aunque no en España. O de monografías de autores españoles vivos y con obra en curso: no hay nada publicado sobre los hermanos Trueba, ni sobre Jaime Chávarri, ni sobre Manuel Gómez Pereira, por hablar sólo de algún ejemplo. Pero de lo que nadie abriga dudas es de que, a despecho del número total de libros que sobre cine se publican en el año (354 en 2005, según el ISBN), éstos gozan de más prestigio que el que les correspondería por su venta... lo que tal vez les asegure un lugar de futuro en un mercado que, como el del libro, se muestra siempre tan movido y cambiante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de agosto de 2006