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Necrológica:

Vincent Dole, médico

Implantó el tratamiento con metadona a los heroinómanos

El profesor Vincent Dole, que falleció a los 93 años el día 2 de agosto en un hospital de Manhattan (Nueva York), era miembro de la Academia Nacional de las Ciencias de los Estados Unidos desde 1972, y había recibido, entre otros galardones y menciones, el premio de la Fundación Internacional Gairdner (1970), el Albert Lasker en Investigación Clínica (1988) y el premio en Salud Pública otorgado por la Fundación Príncipe Mahidol (1996). Licenciado en Matemáticas por la Universidad de Stanford en el año 1934, en 1939 obtuvo también la licenciatura en la Escuela de Medicina de Harvard. Durante la década de los años 60 ejerce como profesor y médico en el Hospital de la Universidad Rockefeller, donde alcanza el grado de Jefe del Laboratorio de Biología de la Enfermedad Adictiva.

El doctor Dole (médico internista) y su esposa, la doctora Marie Nyswander (psiquiatra), iniciaron su colaboración científica en el año 1964, utilizando por primera vez metadona para tratar a un pequeño grupo de personas que eran dependientes de la heroína desde hacía muchos años, en el contexto investigador del Instituto Rockefeller de Nueva York. Ellos hicieron esta propuesta incluso con el riesgo de enfrentarse a las rigurosas leyes que existen en Estados Unidos de América sobre la prescripción de opiáceos que podían acarrearles cargos criminales o acciones civiles por parte de la Agencia Federal de Narcóticos.

Su valiente y pionero trabajo demostró que el mantenimiento con metadona es un tratamiento médico de la adicción que no se puede comparar en eficacia a ningún otro, siendo esta descripción tan aplicable hoy en día como lo fue hace cuatro décadas. Como resultado, aproximadamente tres cuartos de millón de personas en todo el mundo pueden vivir saludablemente, ser productivas y tener una vida plena, independiente y autónoma. Se estima que en Estados Unidos hay unos 200.000 pacientes en tratamiento, mientras que en Europa se habla de cifras en torno a 530.000 pacientes, repartiéndose el resto por Australia, Nueva Zelanda y Oriente Medio.

Después de observar la impresionante transformación que se produjo en aquel grupo de pacientes, el doctor Dole y la doctora Nyswander pasaron a iniciar y supervisar el primer programa de mantenimiento con metadona en el hospital Beth Israel de Nueva York, donde demostraron la eficacia del tratamiento en un número de enfermos muy superior.

Unos años más tarde, Dole convenció a las autoridades penitenciarias de Nueva York de la importancia que tenían los protocolos graduales de desintoxicación para evitar el dolor que suponen los síndromes de abstinencia agudos a los opiáceos y disminuir los riesgos asociados de suicidio en los internos, estableciendo el modelo y las pautas a seguir en este proceso, que siguen siendo la base oficial para los programas de desintoxicación en la mayoría de los países.

La repercusión que la enfermedad adictiva tiene en las familias de los enfermos y por ende en la comunidad, hace evidente que la contribución de Dole y Nyswander trasciende los beneficios clínicos obtenidos en los pacientes y se extiende a toda la sociedad.

Muchos años antes de descubrirse las endorfinas del cuerpo humano y su mecanismo de acción, el doctor Dole y la doctora Nyswander tuvieron la intuición de proponer que la adicción era un tipo de trastorno metabólico, con un déficit peptídico similar en esencia al que aparece en la diabetes, que podía ser tratado como cualquier otra enfermedad crónica. Esto que por aquel entonces fue una brillante hipótesis, en la actualidad es casi universalmente aceptado por científicos y clínicos relacionados con el tema y constituye la base sobre la que se apoyan todas las prácticas y políticas racionales que se hacen en este campo.

Durante sus últimos años de vida, Dole dedicó sus esfuerzos a luchar contra el estigma que rodea a la enfermedad de la adicción, a los pacientes o al tratamiento con metadona, y que trágicamente permanece tan extendido.

(TRADUCCIÓN DE MERCEDES LÓPEZ-RICO, PROFESORA TITULAR DE FARMACOLOGÍA. FACULTAD DE MEDICINA. UNIVERSIDAD DE SALAMANCA).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de agosto de 2006