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Reportaje:RUTAS URBANAS

Las mil y una caras de Gràcia

Historias, tiendas y fiestas en el barrio barcelonés

Bullicio festivo entre los días 15 y 21. A dos pasos de La Pedrera, obras de Gaudí o de Pep Llinás, terrazas y escenarios librescos. Un mundo apacible de día que se revoluciona por la noche.

El barrio de Gràcia, en el corazón de Barcelona, tiene afición por la nostalgia. Digamos que es un barrio tradicional y reivindicativo. Conoce la calma y el bullicio. A ratos exige ruido y a ratos no lo soporta. En él caben muchas Gracias distintas: la industrial, la bohemia, la burguesa... Y una Fiesta Mayor que muestra lo proverbial en versión moderna.

Así que, si se tiene previsto visitar Barcelona en el mes de agosto, es preciso saber que en su tercera semana, después de la playa, espera el jaleo a pie de calle. Y es que en agosto, en Barcelona, durante el día se imponen la arena y los chiringuitos, olas y cremas aftersun; pero en cuanto el sol hace ademán de retirada, la ciudad se muda a las barbas del parque Güell, o a la cúspide del Ensanche, hasta Gràcia, un céntrico barrio que, a pesar de su edad e historia, se mantiene impaciente por refrescar cada año la tradición de sus fiestas.

Heterogéneas, abundantes y de condición urbana, así son las fiestas de Gràcia. Las asociaciones de vecinos del barrio guardan la costumbre de decorar las calles temáticamente. Los atrezos entran en concurso. Siempre gana la que no debía y siempre hay conflicto. Las cervezas en vasos de plástico, los conciertos, las terrazas abarrotadas, las familias con globos, los piercings y los tatuajes sustituyen hoy a los tradicionales envelats (carpas) en los que el tachín tachán de una orquesta hacía bailar a los chicos catalanes con las chicas catalanas a principios de siglo. En una de ésas, Quimet cogió de la mano a la tímida Natalia y le hizo dar vueltas mirándola fijamente. Cuando la tuvo mareada, el muy golfo se la hizo suya y hasta le cambió el nombre en Colometa. Eso pasaba en el envelat de la Plaça del Diamant, poco antes de la guerra, en el inicio de una de las grandes novelas del siglo XX, La plaza del Diamante, de Mercè Rodoreda. La plaza sigue ahí. Una placa conmemora aquel enamoramiento mágico y trágico que Paco Betriu transformó en película, con unos jovencísimos Lluís Homar y Silvia Munt, a principios de los ochenta. Pero basta con pisar esa plaza, o una de las tantas que hay en el barrio, para entender que Gràcia es un lugar con resabio propio, que late a un ritmo distinto al resto de la ciudad.

Después de los jardincillos

Los jardinets (jardincillos) de Gràcia marcan la separación entre el paseo de Gràcia y Gran de Gràcia, la vía comercial que sube hasta la plaza de Lesseps. En ese tramo caben el hotel Casa Fuster, referente modernista, último edificio proyectado en la ciudad por Domenech i Montaner; el Botafumeiro, es decir, una de las mejores marisquerías de la ciudad; la Casa Salvador Castany, de 1908; Casa Vicens (en la paralela Carolines, 12), primer trabajo firmado por Gaudí entre 1883 y 1888, y la Nueva Biblioteca Jaume Fuster, ejemplo de una brillante arquitectura contemporánea, obra de Pep Llinás.

No obstante, la ruta comercial se está extendiendo a otras calles como Torrent de l'Olla, en la que nuevas tiendas de ropa y complementos con toque alternativo llaman la atención: Vía Pachamama, Elisa Brunells, Cub... Además de tener la galería de arte contemporáneo Espai (B) y el Instituto Europeo de Diseño. También Travesera de Gràcia, calle con mayor tradición comercial, se ha renovado. Allí conviven tiendas de ropa como Retro City, El Caimán Alegre, Rags, Anuka, recientes librerías como Fondo y Guía (especialista en viajes), con otros comercios clásicos, prácticamente reliquias, como la Graneria Sala (legumbres, frutos secos...), que abre sus enormes puertas de madera desde 1885, o la pastelería Montserrat del Roc, que hace lo propio desde 1870, en la mismísima esquina entre Torrent de l'Olla y Travesera.

No muy lejos de ahí se hallan tres plazas imprescindibles: Ruis i Taulet, Sol y Revolución. La primera guarda dos edificios representativos: la Casa de la Vila, Ayuntamiento del distrito, y la torre campanario, con su monumental reloj, el mismo que da las uvas en fin de año emulando a la Puerta del Sol madrileña. En la esquina con Goya brinda una tienda bien curiosa, Trastería La Moda, en la que se venden trastos viejos tratados y desordenados con mucho cariño. La plaza del Sol es la más desenfrenada. Encontrar sitio en las terrazas de El Sol Soler, El Sol de Nit o El Café del Sol no es tarea fácil. Quizá por eso se ha puesto de moda ocupar el suelo de la plaza (ocupar también es un verbo muy propio de este barrio), sobre todo durante la noche. Allí, el llamado perroflautismo insiste en malabares y en el humo que hace ver los edificios como si de atmósferas flotantes de Rothko se tratara.

Cines y cafés

Menos concurrida está la plaza de la Revolución. En ella encontramos uno de los cafés más ancestrales del barrio, el Canigó, y en la otra esquina, el Sureny, con su interminable carta de tapas de diseño. El Canigó marca el inicio de la calle de Verdi, que da nombre a los cines en los que se deja ver la crema de la intelectualidad. También la librería Taifa es un clásico de esta calle. Después de los cines, a la izquierda se abre la citada plaza del Diamante, y a la izquierda, la de la Virreina, con sus terrazas, acogedoras y llenas, a dos pasos del literario y suculento restaurante Salambó, de la novísima galería de vidrio A-B y de la galería de arte contemporáneo Julia Karp, que luce un acertado diseño de interiores.

Muy cerca de la Virreina está la plaza Rovira, otra explanada con solera. En ella, inolvidables personajes de Marsé (en novelas como Un día volveré, El embrujo de Shanghai) encontraban el lugar ideal para dar rienda suelta a sus elucubraciones con las que poner trampas a la realidad. Marsé también homenajeó a Gràcia escribiendo con Serrat la canción Los fantasmas del Roxy, antiguo cine de reestreno, en la plaza de Lesseps, de esos que tanto gustan a los chavales de Marsé. Plaza Rovira abajo, acabaremos dando con la calle de Milà i Fontanals. En el número 72 está el bar-bodega Martín, muy familiar, que sirve aperitivos desde 1916. Al lado está el Mercado Central, que compite con el Mercat de la Llibertat, a ver cuál es más genuino. Ambos dan buena muestra de la arquitectura del hierro que tantos mercados dio a la ciudad en el siglo XIX. Y en la calle Torres, ya rozando el Ensanche, espera el restaurante Z'Alía, representante de la cocina más contemporánea.

En la plaza del Raspall, que está a tiro de piedra de Milà i Fontanals, El Gato Pérez y el cantaor y marido de Lola Flores El Pescaílla debieron de compartir influencias, y así, de la noche porteña a la mañana gracienca nació la rumba catalana. De ello daba fe el documental de Ventura Pons El gran gato, distinción al compositor argentino, que da nombre a una miniplaza debajo del Raspall.

No toda la marcha se concentra en las plazas. En la calle de María está, por ejemplo, uno de los santuarios del rock, el Musical María, eternamente joven, en cuyas paredes se pueden observar fotografías, pósters y entradas de conciertos memorables. A dos pasos, y casi sincronizado, está el Alfa, antro alargado, en cuya pista el pop acelera ímpetus y que sigue teniendo el no difícil. Además de la plaza del Sol y alrededores, a la derecha de Gràcia se pueden visitar otros bares de porte alternativo como el Astrolabi, el Ikastola o El Coleccionista. En ellos circula la Gràcia de siempre, esa que todavía cuenta las monedas para poder pagar la última Estrella.

Eusebio Lahoz (Barcelona, 1976) es autor de Leer del revés (Ediciones El Cobre)

GUÍA PRÁCTICA

Fiesta Mayor de GràciaDel 15 al 21 de agosto. El programa de actos de la Comisión de Fiestas Populares de Gràcia (www.graciaviva.cat) arranca con lecturas de poemas en árabe y catalán y conciertos de ska, hip hop y rap en la plaza del Pueblo Romaní, a un tiro de piedra de la plaza del Raspall. A lo largo de la semana están previstas representaciones teatrales a pie de calle y sesiones de pinchadiscos, mientras que el viernes 18 será el día de bailes y espectáculos populares. El sábado 19 habrá actuaciones de bandas que proponen música punk y hardcore, y la fiesta culmina el domingo al mediodía con un concurso de paella y arroz para todo el mundo. La Federación de Calles de la Fiesta (www.festamajordegracia.org) publica en estos días su programa oficial de actos.Información- www.bcn.es.- www.gracianet.org.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de agosto de 2006

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