Crítica:Crítica
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'Jibones tecnofrikis'

Seis programadores informáticos de videojuegos, cuyos apellidos comienzan por j, trabajan en unos cubículos (pods) apodados jPod dentro de una compañía diseñadora de software de Vancouver especializada en ocio electrónico. De entre este grupo de personajes de vida opaca y sin atisbo de personalidad, "tarados emocionales" como se autocalifican ellos mismos, predomina Ethan Jarlewski, un treintañero que no sabe muy bien cuál es su función dentro de la empresa pero que tiene como objetivo escalar posiciones, aunque le retendrán, a su manera, una madre sociópata, un hermano traficante de inmigrantes, un padre aspirante a un papel de actor con diálogo y una serie de incidentes absurdos en los que se ve involucrado al estilo de un Charlie Chan canadiense. El título de la novela hace referencia al iPod (reproductor de música, imágenes, vídeo) como al Jpop (pop japonés), por el que Douglas Coupland (canadiense nacido en 1961) ha demostrado cierta inclinación en sus otros libros y se compone básicamente por un entramado de textos aleatorios con ínfulas de caligrama, publicidad, correo electrónico y correo basura, símbolos gráficos, listado de acrónimos, eslóganes, perfiles personales de los personajes, todo tipo de tics de la actual cultura internauta seguidora de las novedades tecnológicas, una importante dosis de autorreferencias al propio autor, la incorporación de China a la globalización, así como más de medio centenar de páginas de combinaciones numéricas que sirven de relleno seudoexperimental a este superlativo descomedimiento narrativo.

JPOD

Douglas Coupland

Traducción de Raquel

Herrera Ferrer

El Aleph. Barcelona, 2006

525 páginas. 19 euros

La gratuidad que salpica el conjunto le imprime un aire de reencarnación literaria de los dibujos animados South Park, aunque vaya a saber quién es el huevo y quién la gallina, ya que en un pasaje se sugiere que los productores de Melrose Place (Aaron Spelling) "fusilaron" a los personajes de otra novela de Coupland, Generación X (1991), una sátira minimalista sobre tres miembros de la generación que se independizó en los años ochenta que deciden irse a vivir al desierto de California para descubrirse a sí mismos y huir del consumismo.

De todas formas, es obvio

que jPod imita el formato de los reality shows televisivos al llevar al lector-espectador una historia banal aderezada de eventos extraordinarios, definitivamente manipulados y si bien todo puede llevar a pensar que es una actualización de Microsiervos (1995), aquel libro de Coupland en el que relataba cómo un grupo de amigos que trabajan para Microsoft comienzan su propia empresa, según su autor se trata antes de una reflexión sobre el tiempo que le toca vivir que una enciclopedia compiladora de modismos de tribus urbanas.La novela no transmite valores para la redención social ni tampoco valores literarios apreciables, ya que es una sinopsis de anécdotas e incidencias vitales expandidas por bromas imaginarias, destacando quizá las pormenorizadas descripciones de reuniones empresariales o de toda clase de juegos multimedia. Pero ahí se queda, en un intento parcheado, a ratos gracioso, a ratos deshinchado, del que poco se puede extraer si no se está en sintonía con la filosofía de los modernizados jibones tecnofrikis adictos a Google, Ebay y a los festivales de música electrónica avanzada.

Douglas Coupland.
Douglas Coupland.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 04 de agosto de 2006.

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