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Tribuna:

El espíritu del hotel Rey David

El atentado terrorista contra el hotel Rey David de Jerusalén fue en su día el equivalente al de las Torres Gemelas; el 22 de julio se conmemoraron los 60 años. Hay dos placas históricas en el hotel, una de cuyas alas utilizaba la autoridad del Mandato Británico. En una de las placas, que lleva tiempo colgada, unas cuantas palabras hacen referencia al atentado: "El 22 de julio de 1946, la organización clandestina Etzel puso una bomba en el ala sur". La acción se atribuye sólo a Etzel, pero no hay condena. "Clandestino" tiene por lo general una connotación positiva. El descubrimiento de la otra placa la pasada semana debía coronar un congreso académico organizado por el Menachem Begin Heritage Center sobre el tema de quién es un luchador por la libertad y quién es un terrorista. Menuda semana para aclarar una cuestión así. Se pueden distinguir por su afiliación organizativa, sus fines, sus blancos, sus medios de combate y su modo de funcionar. Todos suponen que un luchador por la libertad es una buena persona y un terrorista es malo. Casi todo terrorista se define a sí mismo como luchador por la libertad, y viceversa: los luchadores por la libertad normalmente son tachados de terroristas. Como ocurrió con Begin. Dedicó mucho esfuerzo a convencer a la historia de que no era un terrorista. Entre otras cosas, hacía hincapié en que su organización no hería a civiles. Ahí tenemos una tesis que podría servir de lección histórica desde un punto de vista moral: no hacer daño a civiles.

La nueva placa identifica a los perpetradores del atentado como "luchadores de Etzel". Para ellos es importante que se resalte que actuaron "por orden del movimiento rebelde hebreo"; en otras palabras, el Hagannah, entre otros. Llamaron a la centralita del hotel, al periódico Palestine Post y a la embajada francesa (se supone que se referían al consulado) para "evitar bajas". Dicho de otro modo, pretendían perpetrar un atentado terrorista sin bajas, pero algo salió mal. Transcurrieron 25 minutos y entonces, "por alguna razón", los británicos no evacuaron el edificio "y a consecuencia de ello" murieron "por desgracia" 91 personas. Había 28 británicos, 41 árabes, 17 judíos y otros 5 de diferentes nacionalidades. Para resaltar el aspecto militar de la operación, la placa señala que uno de los miembros de Etzel murió "en un intercambio de disparos".

El Gobierno británico exige la retirada de la placa. El embajador y el cónsul de su majestad han escrito al alcalde de Jerusalén que no se puede honrar dicho acto terrorista, aunque hubiera estado precedido por una advertencia. Hasta hoy, no está claro qué hizo pensar a los que planearon el atentado que los británicos evacuarían el edificio. ¿Habría ordenado Benjamín Netanyahu, cuando era primer ministro, que se evacuara su sede basándose en la amenaza telefónica de un grupo terrorista palestino?

Netanyahu pronunció unas palabras en el Congreso. Dijo que la diferencia entre una operación terrorista y la acción militar legítima se manifiesta en el hecho de que la intención de los terroristas es herir a civiles, mientras que los combatientes legítimos intentan evitarlo. De acuerdo con esa teoría, el secuestro de un soldado israelí por una organización palestina es una operación militar, y el bombardeo de Dresden, Hanoi, Haifa o Beirut es un crimen de guerra. Por supuesto, eso no es lo que Netanyahu quería decir. La única conclusión que sacó del atentado contra el hotel fue ésta: que los árabes son malos y nosotros buenos. Las acciones árabes, desde que comenzaron en 1920 hasta los planes nucleares iraníes, reflejan, según sus palabras, "una mentalidad terrorista". Por otro lado, Israel sólo hiere a civiles por casualidad o cuando no hay otra alternativa. Por ejemplo, cuando los terroristas se esconden entre los civiles.

La verdad histórica es diferente: en los 60 años transcurridos desde el atentado contra el Hotel Rey David, Israel ha herido a unos dos millones de civiles, incluidos los 750.000 que perdieron sus casas en 1948, otro cuarto de millón de palestinos obligados a abandonar Cisjordania en la Guerra de los Seis Días y cientos de miles de civiles egipcios expulsados de las ciudades situadas a lo largo del Canal de Suez durante la Guerra de Desgaste. Y ahora, decenas de miles de aldeanos libaneses se ven obligados a abandonar su casa, y los pilotos de las fuerzas aéreas están bombardeando una vez más Beirut y otras ciudades. Cientos de civiles han muerto. Por desgracia. Todo acorde con el espíritu del Hotel Rey David. Uno siempre puede decir que se produjo un contratiempo.

Tom Segev es historiador israelí. Traducción de News Clips. © Haaretz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de agosto de 2006