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Crítica:

Caricaturas

Desde el fin del Equipo Crónica, Manolo Valdés ha desarrollado una amplia carrera en solitario. El Museo Reina Sofía ha reunido 86 obras de este periodo.

El Equipo Crónica, al que perteneció Manolo Valdés desde su fundación en 1965, junto a Juan Antonio Toledo y Rafael Solbes, constituyó uno de los acontecimientos creativos más significativos en la cultura visual de los últimos años del franquismo, ya que este grupo realizó una pintura que, en palabras de Valeriano Bozal, posibilitó "un pop eminentemente crítico, político e irónico" (2001). A la muerte de Solbes, en 1982, Valdés reinicia su carrera artística en solitario, para lo que establece una cesura entre el trabajo en "equipo" y la obra "personal" que responde al hecho de que en aquellos primeros años ochenta, se ha consolidado un cambio político sustancial y se ha generado un interés por el arte y la cultura que no existían cuando surgió la necesidad de fundar grupos como Estampa Popular o el mencionado Equipo Crónica.

MANOLO VALDÉS

Museo Reina Sofía

Santa Isabel, 52. Madrid

Hasta el 25 de septiembre

La obra en solitario de Valdés, como es lógico, es deudora del trabajo del Equipo Crónica, que tuvo una importante influencia en su época, sin embargo, en los años ochenta la nueva obra pierde lastre político, se aleja de los planteamientos críticos con el arte y la sociedad y se desliza de lo irónico a lo caricaturesco. Amanerándose en el manejo de la materia y empleando técnicas muy diversas, su trabajo se centra en la caricatura de las grandes obras de la historia del arte y de los "clásicos" contemporáneos, parafraseando sus elementos anecdóticos y esquematizando sus formas características que reduce a siluetas, bultos y gestos, muy bien resueltos, de manera que las obras referentes se transforman en iconos fácilmente consumibles, como sucede con sus repetidas meninas que ha reproducido en una extensa gama de técnicas.

El fácil reconocimiento por parte del público de estas formas icónicas, no exentas de cierta contundencia, trae como consecuencia su aceptación tácita ya que se genera un disfrute en el establecimiento de las relaciones de parecido. Realizar una caricatura supone conseguir un cierto nivel de expresionismo característico que sea fácil de apreciar por el público, esta facilidad adula al espectador que es capaz, sin grandes esfuerzos, de reconocer lo caricaturizado, a pesar de que la obra se aleje de las convenciones normales sobre lo que es la representación de la realidad. El impecable acabado de las obras de Valdés, en las que lo premeditado y lo casual se alían para ofrecer la sensación de inmediatez gestual, ha conducido al artista a cosechar un indudable éxito de público.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de julio de 2006