Crítica:Crítica
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Una infancia revolucionaria

Nieve, protagonista de esta novela escrita en forma de diario íntimo, pertenece al linaje de las niñas diabólicamente angelicales de la literatura moderna. Sobre todo, de la narrativa francesa del siglo XX, que va de la revoltosa Claudine de Colette a la perversa narradora de El amante de Duras. Sin olvidar los Diarios de la apátrida Anaïs Nin, autora venerada por Wendy Guerra (La Habana, 1970) -uno de cuyos títulos anteriores es Posar desnuda en La Habana: diario apócrifo de Anaïs Nin. Dividida en 'Diario de infancia' y 'Diario de adolescencia', la novela de Guerra se inicia en 1978, cuando su protagonista tiene ocho años. Llamarse Nieve en Cuba: esa inadecuación es la cifra del destino tragicómico de esta niña impasible y doliente. En primer plano aparece la autora del nombre, la madre, el otro hallazgo sorprendente de esta primera novela de Wendy Guerra: una hippy en la revolución cubana, siempre a la izquierda de todo, en la mira de los esbirros del régimen, sometida a una suerte de represalia perpetua de baja intensidad; una mujer que siembra en su hija todo el talento literario que ella prefirió no desarrollar. Es periodista, pero apenas la dejan transmitir partidos de béisbol por radio; después la mandan a la guerra de Angola ("mi madre no va a aguantar una guerra completica", anota la niña), más tarde le quitan la tenencia de Nieve, quien va a parar a manos de su padre, un actor borracho que le pega y la mata de hambre. El padre es un revolucionario aproximadamente ejemplar, que en 1980 acabará formando parte de los miles de marielitos huidos a Miami.

TODOS SE VAN

Wendy Guerra

Bruguera. Barcelona, 2006

285 páginas. 14,50 euros

Guerra elige una cita del diario de Ana Frank para encabezar la novela: señal de que la estirpe de las niñas perversas y atormentadas a la que pertenece su personaje se cruza con otra, la de las víctimas, la de aquellas cuya infancia se ve aplastada por algún gran momento histórico. La de los testigos, aquellos destinados a transcribir el mal en alguna forma inteligible. No existe intención de nivelar esos momentos ni de hacer de la novela un alegato en clave: Todos se van huye visiblemente del panfleto y busca, en todo caso, concentrar sus significados en la fuerza del símbolo que sostiene la ficción. Pero Guerra tampoco esconde, en la mirada lateral de Nieve, el escenario ominoso de esa infancia revolucionaria: "Nosotros vivimos entre lo prohibido y lo obligatorio", observa, al tiempo que registra los chismes convertidos en delación, las consignas obligatorias en honor del régimen y sus héroes, la represión llevada al seno más íntimo de la vida privada. Como, por ejemplo, la compañera de Nieve que, en el Centro de Reeducación de Menores en que están internadas, lee clandestinamente una novela de su propio abuelo, escritor exiliado y proscrito en la isla. O la canción del cantautor que le prohíben emitir a la madre en su programa de radio porque "parece que la palabra libertad la dijo de una manera que molesta". No hay puerilidad ni candidez en ese diario infantil sino una suerte de indiferencia perpleja.

Guerra, que escribió poesía

antes que narrativa -hay varios poetas homenajeados en el libro, como Eliseo Diego y Dulce María Loynaz-, le exige a su estilo una expresividad que se condensa en párrafos breves, contundentes, que dan una voz sensible a aquello que callan. En una época en que las novelas parecen hacerse sólo con ideas, Guerra muestra que un buen texto literario, en cualquier género, siempre debe ser escrito. El diario de la adolescencia de Nieve es menos fuerte; las ambigüedades parecen aplanarse para franquear el destino artístico del personaje. Persiste, sin embargo, la sorpresa de esa mirada aguda, hecha de adusto dolor y de coraje, de escritura consciente del timbre resonante que persigue.

La escritora cubana Wendy Guerra.
La escritora cubana Wendy Guerra.XAVIER GONZÁLEZ

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 07 de julio de 2006.

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