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Crónica:Alemania 2006 | Alemania-Italia

Italia agota a Alemania

El equipo de Lippi, con sus jugadores más creativos y ofensivos, se impone en la prórroga con goles de Grosso y Del Piero

El fútbol es un deporte que juegan once contra once y siempre gana Alemania, salvo cuando se enfrenta a Italia en la Copa del Mundo, en cuyo caso su derrota está asegurada. Así reza, más o menos, la leyenda, que se transmite de padres a hijos, sin atender al lugar ni a las circunstancias. Tanto da que sea en México como en Madrid o en la cuenca del Rhur. El escudo volvió a pesar más anoche que el campo. El triunfo azzurro fue indiscutible por juego, por oficio y por goles. Alemania sobrevivió exclusivamente hasta que la hinchada del Westfalenstadion tuvo aliento para mandar a los palos los remates de Gilardino y Zambrotta. A la que expiró la afición de Dortmund, el equipo de Klinsmann pereció cuando aspiraba exclusivamente a alcanzar de nuevo la rueda de los penaltis para sobrevivir una nueva jornada.

RESULTADO

ALEMANIA 0 - 2 ITALIA

Una selección es experta y le gusta su fútbol. La otra está a medio camino de una revolución

La malquerida Italia ganó incluso con grandeza en casa de Alemania. No necesitó siquiera de una jugada episódica después de un encuentro agonístico. Fue a por el encuentro descaradamente, con sus mejores jugadores en el campo, y abatió a la anfitriona en su guarida preferida. Al final, los italianos fueron incluso valientes en un partido cobarde como la mayoría de los que se vienen jugando en el torneo. El encuentro, en cualquier caso, confirmó que los italianos son un equipo hecho y derecho mientras que los alemanes se han desinflado de mala manera.

Alertado por los signos preocupantes que ofreció Alemania ante Argentina, especialmente visible en la fatiga de sus centrocampistas, Klinsmann refrescó la alineación con dos medios de signo opuesto. Ausente el agresivo Frings por sanción, tampoco jugó el revoltoso Schweinsteiger y, por el contrario, a escena salieron Borowski, un buen llegador, y Kehl, un zurdo muy racional, especialmente motivado porque jugaba en casa, en la caldera de Dortmund, una cancha de alto voltaje.

A Italia no sólo le encantan los campos calientes sino que los agradece porque le motivan. Los azzurri se sienten singulares en terreno enemigo, notan que provocan la ira, se gustan más que nunca y, de alguna manera, desafían a la grada al grito de "¡más madera, que es la guerra!". Cannavaro trazó una línea en su área y no hubo noticias de Alemania hasta pasada la media hora, cuando Schneider malgastó una asistencia de Klose, el único futbolista que sabía navegar entre las líneas forasteras.

Jugaba a gusto el equipo de Lippi para desespero de la hinchada alemana, sorprendida por la imprecisión del suyo, que no encontraba la carta de navegación, Al zurdo Khel le costó mucho rato entrar en juego. Excesivamente lento, telegrafiaba sus pases para suerte de Gattuso y Totti, que vivía tan pancho en la divisoria. El media punta rebuscó en las espaldas de los centrales alemanes y filtró un par de balones muy interesantes, sobre todo uno a Perrotta, que se venció en el mano a mano con Lehmann.

El guardameta alemán fue más exigido que el italiano hasta el descanso. Los defensas descargaban a menudo el juego para que sacara en largo y los rivales le achuchaban reiteradamente desde el banderín de córner. No funcionaba el tiro de media distancia de los alemanes, siempre taponados en el balcón del área, ni tampoco encontraba alivio en el poderío aéreo de Ballack. Apareció por momentos el mismo equipo chato y confundido que penó ante Argentina hasta la rueda de los penaltis. Mandaba Italia, que descansaba en el poderío defensivo de Cannavaro. El central está en un momento de forma espléndido, circunstancia decisiva para enfrentar a un rival que vive sobre todo del trabajo de Podolski y del ingenio de Klose. Aunque muy forzado, el ariete se ganó un mano a mano con Buffon nada más iniciarse la segunda parte que animó el cotarro tanto como la contra de Grosso ante Lehmann, igualmente resuelta por el guardameta.

Uno y otro equipo jugaban muy cerrados, conscientes de que era mejor evitar el error que buscar el acierto, sabedores de que cualquier concesión podía significar la derrota en una semifinal de la Copa del Mundo. Italia fue perdiendo encanto porque Totti desapareció del mapa y cada vez era un equipo más directo mientras Alemanía ganó presencia con la salida de Schweinsteiger y Odonkor, dos jugadores revolucionarios para un partido muy especulativo. Pero la agitación local duró muy poco. Pirlo cogió al equipo e Italia fue creciendo con el paso del tiempo. Ni siquiera la prórroga alteró su determinación. Lippi fue cargando al grupo con los jugadores más creativos y ofensivos y los goles cayeron como fruta madura después de que los palos rechazaron dos remates. La salida del campo de Klose significó la rendición alemana por la misma regla de tres que la entrada de Del Piero confirmó la voracidad italiana. Después de un intercambio de ocasiones, con Podolski negado, apareció Grosso para rematar un pase de Pirlo y rubricar la hegemonía italiana. La guinda la puso Del Piero para hurgar en la herida alemana y propiciar la gloria azzurra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de julio de 2006