DESDE MI SILLÓN | TOUR 2006 | Primera etapaColumna
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De feria en feria

Yo no sé si es mera casualidad, si hay una especie de plan divino urdido o si quizá es algo que tan sólo me llama la atención a mí, pero el caso es que desde que los corredores han empezado a pedalear no hago más que ver simbolismos. Veamos.

Lo decía ayer. Primero, un corredor semidesconocido, el francés Coutonuy, es el primero en ponerse en marcha en una carrera en la que no pueden participar los grandes favoritos, Ullrich, Basso, Vinokurov, Mancebo..., pero sí él y otros tantos anónimos como él. Más tarde, y después de la convulsión de los días previos, gana el prólogo un corredor llamado Thor, como el dios del trueno. Y ayer, en el primer sprint, en el de la gran locura, en ese sprint que más que cualquier otro te obliga a apartar los ojos de la pantalla para no presenciar en directo el desastre inminente, en el primer sprint, decía, gana uno que simboliza lo que son todos sus compañeros: nómadas.

Sí, porque Casper es nómada o, al menos, en su infancia lo era, aunque parezca algo extraño en estos tiempos que corren. Un compañero suyo me contó que pertenece a una familia de barraqueros. Así que su infancia transcurrió en una caravana, de feria en feria, yendo y viniendo de pueblo en pueblo, por toda la inmensidad de Francia. Así se hizo ciclista, me dijo mi amigo. La verdad es que nunca se lo he preguntado a él directamente, pero no tengo por qué dudar de las palabras de mi amigo. Por cierto, y aunque no venga al caso, siempre me he preguntado cómo serían en Francia esas barracas sin las cintas de Los Chichos y Los Chunguitos. Algún día se lo preguntaré a Casper.

El caso es que no pudo llegar mejor preparado al mundo profesional. Los corredores tenemos una doble vida: una en casa y otra en competición. Los que están ahora en el Tour son como la familia Casper, siempre en la carretera, sin parar demasiado en ninguna parte, pero siempre con la bici a cuestas. De fiesta en fiesta por los pueblos de Francia, porque, si el Tour pasa ese día por allí, no puede ser otra cosa, sólo fiesta. A veces en bici, otras en coche y otras en caravana o autobús, pero el caso es estar siempre en movimiento, nunca estáticos, que tiene que haber fiesta para todos.

Ayer fue para Casper el día que siempre había soñado, el día mayor de la fiesta. Fue el rey de la fiesta por un día y lo disfrutaría como nadie sabiendo que hoy, a pesar de todo, tendrá que volver a la carretera para seguir adelante su camino. Hacia otra nueva feria en la que el pasado no existe, donde toca empezar de nuevo. Presentes sucesiones de difuntos, que decía Quevedo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 02 de julio de 2006.

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