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Reportaje:Alemania 2006 | España-Francia

Cita para marcar una época

La selección española se remite a la vitalidad de su estilo de juego en su confrontación con la experimentada Francia

Atada exclusivamente a la pelota, la selección española afronta desde hoy el desafío de la Copa del Mundo con una ambición aparentemente desmesurada si se atiende a su currículo. Ya no se habla exclusivamente del partido contra Francia, sino del trayecto excitante que le aguardaría hasta Berlín. "Francia, Brasil, Inglaterra y la final", enumera Raúl con el posible calendario en la mano; "tenemos ganas de medirnos a campeones del mundo para demostrar que podemos aspirar al título". El discurso del capitán es el más optimista del equipo, dispuesto a encarar la apuesta de su vida: ahora o nunca.

A los franceses les parecerá un pecado de juventud. El caso es que la roja no se siente deudora de nada ni tampoco favorita. Juega liberada de cualquier otra carga, coyuntural o histórica, que no sea la de competir con un balón y sólo firmará la rendición cuando se lo revienten, convencida como está de que ha descubierto la esencia del fútbol. Un juego de críos, inocente si se quiere, pero seductor. Nada mejor para empezar la afrenta que un rival que se mueve por el escenario como un peso pesado.

España le tiene ganas a Francia. Le encantaría ajustar las muchas cuentas pendientes en un solo partido por lo menospreciada que se ha sentido. "Queremos ser como los franceses, campeones", sintetiza Raúl. "Cuanto más grande es el partido, menos vértigo me da", añade Luis Aragonés. La selección le ha dado al encuentro la solemnidad de los que marcan época, la vitalidad propia de un grupo joven que reta al más veterano.

Ahí está el truco al que se engancha Francia: más sabe el diablo por viejo que por diablo. "Los pequeños detalles son los que más te hacen pensar y conviene cuidar", afirma Luis; "habrá que estar más concentrados que el contrario". Francia cuida cualquier cosa que pueda delatarla, confiada en que su experiencia, una jugada cualquiera de sus futbolistas geniales o un balón afortunado le sacará del apuro. No se sabe siquiera si Zidane será el capitán y si jugará con uno o dos delanteros. "Pondrá, seguro, a dos puntas", vaticina Luis.

España acude a pecho descubierto. Luis ha cantado hasta la alineación. Cesc y Raúl entrarán por Senna y Luis García en una propuesta similar a la protagonizada en el remonte ante Túnez. ¿No asume un riesgo innecesario al cambiar?, se le requiere a Luis. "Si tocas algo es porque sabes que vas a mejorar el aspecto que te interesa", responde; "creo que no me equivoco. Queremos tener la pelota y manejar el partido. Raúl juega bien entre líneas y Cesc por la banda. Somos un equipo que toca muy bien y que lo hace fácil".

"Los jugadores están convencidos de lo que estamos haciendo", proclama el seleccionador antes de repasar los aspectos que mejorar: "A veces achicamos o estrechamos los espacios, sin presionar el balón", sigue; "no jugamos al fuera de juego ni nos arriesgamos demasiado defensivamente. Nos juntamos en medio del campo para presionar mejor. Un equipo largo difícilmente puede presionar". La sincronización defensiva, los movimientos en ataque -"para buscar las espaldas a los laterales no hacen falta extremos, sino delanteros"- y la estrategia son los conceptos que más ha trabajado Luis.

"También Francia es un equipo trabajado", advierte el técnico español; "a partir de ahora no se va a jugar tanto al ataque como al inicio". "No hay que volverse locos", dice Xabi Alonso; "necesitamos llevar la iniciativa, jugar concentrados y no cometer errores".

Ningún rival mejor para calibrar al equipo español que Francia: 33 años de media frente a 23. Tiene Doménech futbolistas expertos que marcan la diferencia, como Zidane y Henry. Luis cuenta con el juego colectivo de un plantel que, pese a su juventud, dispone de medios campeones de Europa. La diferencia está precisamente en los centrocampistas: Francia los tiene para defenderse y España para atacar. Doménech piensa en sobrevivir; Luis, que espera Brasil. Hoy, cuando se cumplen 22 años del error de Arconada en la final de la Eurocopa del 84, podría ser el último partido de Zidane. Ha llegado la hora de la verdad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de junio de 2006